miércoles, julio 30, 2008

El infierno de Dante, el mío propio.

Ayer volviendo en el avión tenía en mente escribir una crónica interesante, divertidísima y completamente alocada de mis aventuras y desventuras por Florencia. Por desgracia a las dos horas de haber pisado tierra firme una llamada a casa hizo que escuchara al otro lado del auricular las peores noticias que podía imaginar.

En shock marqué el número de mi madre, aún me pregunto como pude hacerlo tal y como me temblaban las manos. La voz casi no me salía y no era capaz ni de explicarme con palabras que fueran coherentes.

Y es que está visto que no se pueden hacer planes. Ni a corto, ni a largo plazo. Nunca sabes cuando va a aparecer un coche tras una curva y chocar de frente contra tus esperanzas.

Tal vez otro día escriba la crónica, si es que aún me quedan ganas.

La vida no es más que una broma macabra.