(Fragmento de un capítulo de nuestro libro, tiene un tono un poco raro... lo sé; porque el resto del libro no va mucho por ahí, pero bueno. Siempre me ha gustado este primer encuentro de Hánera y Simara "los magos se creen muy listos")Aicer y Hánera caminaban distraídamente por entre los puestos del mercado, de haber sido de otro modo tal vez se hubieran percatado de que había una mujer que no les quitaba ojo a cada paso que daban. Iba vestida de pardo de pies a cabeza con una especie de túnica anudada a la cintura con una tira de cuero marrón. Era delgada como el tronco de un árbol joven y no demasiado alta. Sus ojos tenían el color de la miel, eran incluso más dorados si cabe. Siguió a los dos jóvenes por la calle con bastante disimulo. Aicer iba delante, se adelantó un poco a mirar un puesto de orfebrería. La mujer se metió entre la gente y salió justo al paso de Hánera sorprendiéndola repentinamente poniéndose frente a ella. Hánera intentó esquivar a la mujer para seguir caminando pero esta le dijo que esperase. La joven frenó el paso, era como si las palabras de la mujer fueran órdenes para ella.
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¿Quien sois? – preguntó Hánera sin poder apartar la mirada de los hermosos y exóticos ojos amarillentos de la mujer.
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La pregunta que deberías hacer es quien eres tú misma. – Dijo sonriendo extrañamente –
aunque yo podría responderte a ambas puesto que sé las respuestas a las dos preguntas.
Hánera no supo que decir ni a que se estaba refiriendo esa mujer con tan complicado trabalenguas. Aún así no quiso irse de su lado y dejarla con la palabra en la boca, tenía la rara sensación de sentirse bien a su lado. Sus palabras eran cálidas al igual que su voz e invitaban a seguir escuchando. La mujer alargó el brazo y cogió de la mano a Hánera, la cual sintió como una inexplicable descarga de energía recorría su cuerpo al contacto con la piel de la mujer. Se mareó un poco, se sentía algo aturdida pero era una sensación agradable, algo similar a estar embriagada por un par de copas de un buen vino.
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Tengo algo que decirte, ¿vendrás conmigo, muchacha? – Preguntó la mujer con una franca sonrisa.
Hánera no habló, hizo un gesto con la cabeza y luego apretó fuertemente la mano de la mujer, ambas comenzaron a caminar entre la gente. La joven se sentía como una niña de la mano de su madre, sujeta fuertemente como si no quisiera separarse y perderse del lado de la mujer vestida de color pardo. No se acordó de Aicer en ningún momento, de hecho olvidó por completo incluso que esa mañana era la primera clase de esgrima que su hermano iba a impartirle.
Llegaron a una tienda de tela estampada, tenía realidad la forma de una pequeña carpa. Entraron. La mujer cerró la cortina que había en la puerta e invitó a Hánera a sentarse. El suelo estaba cubierto por una tela terrosa y había muchos cojines de colores por el suelo: marrones, verdes, amarillos, rojizos. Todos tenían formas ovaladas o redondas, de varios tamaños. A la joven todo aquello le recordó el suelo de un bosque en otoño, los cojines hacían las veces de hojas de árboles.
Por fin se sentó y se dio cuenta de que el lugar era muy acogedor, estaba iluminado por lamparillas de aceite y varias velas colgaban del techo engarzadas en unas lámparas que a simple vista parecían hechas con madera, con ramas enroscadas unas sobre otras.
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¿Quieres una taza de té? – Inquirió la mujer amablemente.
Hánera afirmó con la cabeza. La voz de ella era bastante profunda para ser femenina pero no era desagradable, tal vez recordaba un poco a la de una anciana, o eso pensó Hánera.
La mujer cogió una tetera de cerámica y la puso sobre una pequeña mesita. Luego puso un puchero metálico al fuego. Y rebuscó en una cesta de mimbre con varias bolsitas de tela una que contuviera té. La joven no dejó de observarla en todo momento, a simple vista parecía de mediana edad pero había algo extraño en ella. El brillo de sus ojos reflejaba haber vivido muchos años pero su rostro no lo revelaba. Su piel apenas salpicaba con algunas arrugas el precioso óvalo de su cara. Estaba algo tostada por el sol. El pelo, muy largo y negro caía en ligeras ondas hasta la mitad de su espalda. No se podía negar que tuviera la edad que tuviera era una mujer aún muy hermosa.
Dejó el agua calentando y se sentó frente a la muchacha, ambas se miraron durante unos segundos. Hánera no quería hablar, de hecho lo único que le apetecía era seguir escuchando la bonita y profunda voz de la mujer.
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Si de veras quieres saber mi nombre te diré que me llamo Simara, y me dedico a vender hierbas medicinales por los mercados de toda esta zona. Conozco las plantas adecuadas para curar muchas de las enfermedades pero también soy conocedora de otros remedios para aliviar dolores que se llevan más dentro y son más complicados de sanar.-
¿Sois una especie de curandera, entonces? – preguntó al fin la muchacha rompiendo así su silencio.
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¿Curandera dices? Bueno, podría llamárseme así pero yo siempre he preferido el término “maga”, es más de mi gusto. – Y luego sonrió.
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¿Una maga? ¿En verdad conocéis las artes magicas? Podríais demostrármelo y así os creería de buen grado – Dijo Hánera un poco reticente -
¿Sabéis acaso hacer encantamientos, o veis con clarividencia el futuro?
La mujer rió un poco, luego se levantó y apartó el cazo del fuego, echó unas cuantas hojas de té seco en la tetera y luego vertió el agua caliente en ella.
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Me resulta extraño que te cueste tanto trabajo creer en la magia cuando una parte de ella también habita en tú interior.-
¿A que os referís con eso? Carezco de magia en modo alguno. Eso es absurdo. – La muchacha parecía asombrada e incrédula a partes iguales.
La mujer dejó la tetera sobre una pequeña mesa a la izquierda de Hánera y volvió a sentarse entre los cojines.
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Dame tu mano izquierda, te lo demostraré.La muchacha alargó el brazo y la mujer sujeto la pálida mano de la joven entre las suyas que contrastaban por ser mucho más morenas. Hánera volvió a sentir un escalofrío de energía recorriéndola. La mujer observó la palma de la mano con suma atención, su dedo índice recorría las líneas marcadas en ella.
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Tienes manos de sanadora. – dijo al fin. –
Puedes curar dolores externos con solo posarlas sobre las heridas infligidas, y eso es más importante que todo mi conocimiento sobre las plantas. Tienes un don muy valioso, muchacha. – Hizo una larga pausa sin dejar de mirar la mano de la joven. Hánera tenía una expresión de curiosidad en el rostro, quería creerla porque sus palabras parecían firmes pero su particular escepticismo luchaba contra ello. -
Como me temía... Ves esta línea que cruza sobre esta otra tan larga. – Dijo mientras señalaba sobre la mano.
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Sí, la veo. ¿Que tiene de extraordinario?-
Es la primera vez que la encuentro, jamás había visto esta línea en ninguna otra persona, me alegro de haber encontrado este signo al fin. – Miró a los ojos de Hánera con una expresión seria, parecía que estaba muy segura de lo que iba a decir -
Estas llamada a un destino muy alto muchacha, no sé si serás capaz de soportar una carga semejante.
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¿A qué destino os referís? Hablad, por favor.- Se sentía azorada, no quería creer pero quería escuchar al menos las palabras que no debía tomar en serio.
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Eso yo no puedo contártelo, debes ser tú misma quien lo vaya descubriendo con el tiempo.
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¡Menuda vidente! – exclamó la joven con fastidio -
Si ni tan siquiera me decís aquello que “supuestamente” sabéis tal vez sea porque lo cierto es que no sabéis nada.
Simara miró de un modo extraño a la joven. Luego sonrió con un aire irónico. Cogió la tetera y vertió el té en dos tazas de barro.
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Aún hay muchos problemas por resolver y no tengo tiempo de hacer creer a una muchacha engreída mis palabras. Si quieres creerme bien, si no, no lo hagas pero al menos escúchame. El tiempo pone todo en su lugar, y tarde o temprano descubrirás para tu propio asombro que la mujer que leyó tu mano en Sodin no era una vulgar charlatana.
Hánera se sintió ofendida en su orgullo por lo de “muchacha engreída” pero no dijo nada al respecto. El tono de la mujer le había dejado aún más intranquila de lo que ya estaba antes y por cortesía siguió escuchando muy atenta las palabras de la “supuesta maga”, haciéndole ver de este modo que no era engreída de ninguna manera. La mujer le alargó una de las dos tazas y Hánera la cogió dándole las gracias.
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Antes de saber quien podrías llegar a ser debes encontrar primero respuesta a quien eres ahora.
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Eso es sencillo, mi nombre es Hánera. Y si tanto afirmáis saber sobre mí probablemente sepáis hasta quien es mi padre. – Dijo en un tono medio burlón.
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Yo si lo sé, la que no recuerda quien es su padre eres tú. – Contestó sarcástica la maga. –
Sé de sobra que ahora eres la hija del Rey de Sodin, si es a lo que te estabas refiriendo. Lo cual es un privilegio. Pero antes fuiste alguien muy diferente. No puedes ni hacerte una idea…
Hánera se esforzó en ocultar su asombrada expresión, intentó beber de la taza pero después de un pequeño sorbo no pudo fingir y habló.
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Entonces sabéis quienes fueron mis padres... ¿aún viven?
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Y vivirán aún muchísimos años. – Contestó la mujer con aire distraído, sonrió un segundo, como si lo hiciera para sí misma y prosiguió.
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Son personas importantes, eso sí que puedo decírtelo. Pero no te diré quienes son puesto que no me creerías. Además si te lo contara las cosas no saldrían como deben y yo no soy nadie para alterar el destino del mundo. Tan sólo estoy aquí para guiarte, o al menos ese es el cometido para el que me han enviado. El resto de las cosas irán revelándose tan pronto como sea necesario, no sé si volveremos a vernos pero te aseguro que si eso pasa tu serás una persona bien distinta. Y la niebla que cubre tu mente se habrá disipado.
- ¿Cómo puede cambiar aún más mi vida? Era una muchacha perdida en el bosque y fui recompensada por la magnifica generosidad del mismísimo Rey al convertirme en su hija adoptiva. Le debo tanto que no sé ni como agradecerle todo lo dado.
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Pronto te irás, abandonarás estas tierras. – Dijo la mujer de manera cortante -
Tu padre no es tu padre aunque te quiera y te trate como tal, eso siempre lo has sabido. Deberás buscar las respuestas adecuadas, pero antes debes encontrar las preguntas.
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¿Cómo voy a irme y a abandonar a quienes ahora son mi familia, a aquellos a quienes amo? ¿Cómo herir a los que me protegen y cuidan y estiman como a uno más?, No puedo creeros, lo siento. – Y giró la cabeza hacia un lado.
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A veces hay que huir de aquellos a quienes amas porque amparado en el amor también se puede herir. Y sus heridas son tan poderosas como las que llevan la marca del odio. Sé que quizás se te hace extraño de comprender pero créeme cuando te digo que podrás comprobarlo a lo largo de toda tu vida.
Hánera frunció el ceño, se sentía desolada por tales palabras, tenía ganas de llorar pero pronto pensó que ella no podía creer en tales cosas, que era descabellado y estúpido. Recobró la compostura.
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Ojala os equivoquéis, Simara; ojalá todo esto sea una broma de mal gusto, y os puedo
asegurar que no me hace ninguna gracia.
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¿Acaso yo me río?, esto no es ninguna chanza. Ten siempre mis palabras muy presentes muchacha, se avecinan vientos de cambios y tú te hallas en medio del huracán.
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Me dais miedo. – contestó con los labios temblorosos.
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No temas, muchacha, puesto que después de la tempestad sale de nuevo el sol y brilla aún más intenso de como lo recordábamos. Sólo espero que el Reverenciado te proteja y que seas capaz de seguir el camino que te ha puesto bajo los pies. De lo contrario habrá mucho por lo que llorar.
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¿Tanto hay en juego? ¿De veras tanto se espera de mí? Yo que era una mendiga del bosque, puesto que mi mente no alcanza nada más allá. – Se puso la mano en la frente-
Si pudiera recordar... ¿Por qué no puedo recordar?
- Piénsalo un momento, Siemprebosque está plagado de proscritos, de ladrones, de viajeros sin rumbo, de cazadores... ¿Acaso crees que fue una simple casualidad que de todas esas personas te encontrara el mismísimo Rey? ¿Y no contento con eso incluso te adoptara?, Si otro hubiera dado contigo ahora mismo podrías ser la sirvienta del algún ladrón de poca monta, o podías haber sido vendida como la prostituta personal para un comerciante rico y eres ni más ni menos que la Princesa de Sodin. Da gracias al Reverenciado por todos estos años y reza por lo que tenga que venir, si es bueno o malo tan sólo depende de como sepas jugar tus cartas.
- ¿Insinuáis que todo esto forma parte de mi "camino"?, ¿Acaso decís que todo lo que debe ocurrirme está ya escrito? Me parece algo desalentador, eso me convierte en algo no muy distinto de una triste marioneta. No niego que es extraño que me encontraran el Rey y el príncipe. No sé si fue casualidad o destino porque ambas muchas veces caminan de la mano.
- Con esas palabras me conformo, si no me crees al menos reflexiona sobre todo esto, busca tus propias conclusiones, pues eso ya será bastante para mí. Por último dos cosas: guarda esto contigo – Dijo sacando un saquito de cuero del bolsillo de su túnica
–
Dentro hay un pequeño frasco, no te diré lo que contiene pero debes usarlo en un momento desesperado, es un líquido que acabará con tus problemas por completo, pero eso sí, sólo lo usarás cuando lo creas todo perdido, no antes. Júramelo.
La joven lo aceptó y lo guardó inmediatamente, estaba convencida de que la mujer le estaba ofreciendo una botella con veneno, aún así no lo rechazó. Si todo eso iba a ocurrir quien sabe si podía llegar a necesitarlo. Claro que pensaba que todo eso no podía pasar, que era imposible... o eso quería creer. Aún así no dudó un segundo en coger lo que ella le ofrecía, era un “por si acaso”, aceptarlo no probaba que creyera en sus palabras, no significaba nada.
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La segunda cosa y no por ello menos importante es que te dejo hacer una pregunta, la que tú quieras, siempre y cuando evites los temas que ya te he dicho que no puedo, ni debo contestar. Lo entiendes ¿verdad?
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Bueno... – dijo poniéndose un poco colorada –
En realidad hay una cosa que siempre se le pregunta a una adivina y que vos no habéis mencionado en ningún momento. Toda persona que tiene la ocasión de hablar con una vidente siempre acaba haciendo esta pregunta... No sé si es muy adecuada- Hánera intentaba excusarse por la tontería que creía que iba a decir, ¿estaría desaprovechando su única pregunta para algo absurdo? Estaba convencida de que sí, pero aún así le apetecía mucho hacerla. Le picaba la curiosidad. –
En fin... ¿Encontraré el amor? – Preguntó bajando el rostro con vergüenza.
Simara movió la cabeza de un lado a otro, esbozó una media sonrisa.
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Estos jóvenes... Siempre pensando en lo mismo.- Comenzó -
Bueno, de todos modos en tu caso la pregunta no es mala del todo. Te diré sobre ese asunto que el afecto que provoques en los hombres te proporcionará más desgracias que alegrías, y hará que a tu alrededor surjan luchas y problemas. Huye de él como de la peste.
-
Insinuáis que mi amor es una especie de maldición. ¿Debo permanecer siempre sola, entonces? – Su rostro se tornó aún más triste. La maga por lo visto no estaba por la labor de decirle algo que fuera agradable. Todo eran malas noticias, incluso en algo tan banal como eso. –
Me decís que mi vida va a correr peligro, que debo huir de aquellos que son mi familia, evitar el amor... ¿Qué clase de destino es este? Más bien parece una condena.
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Noooo..... Aún no me has dejado terminar. Podrás encontrar el amor, eso no lo niego, al menos no rotundamente, pero sólo si todo sale como es debido. De lo contrario no hallarás nada más que la muerte y el resto la desearemos también para no tener que sufrir todo lo que venga.
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Agridulce es pues vuestra respuesta. Si tengo que cumplir tan alto encargo para verme recompensada con un esposo no sé si vale la pena el esfuerzo.
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¡Claro que lo vale! Pues no es sólo tu felicidad la que está en juego sino la de innumerables personas. Y tu vida entre la de muchos otros también está a la merced de este destino. ¿Acaso crees que un marido es lo mejor que podrías llegar a conseguir en esta vida? ¡Muchacha atontada!, ¿No me digas que lo único a lo que aspiras es a encontrar un hombre adinerado y digno de tu clase y pasarte el resto de tu existencia encerrada en casa teniendo criaturas y probándote ricos vestidos?
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¡¡Por supuesto que no!! – Exclamó muy enojada la joven –
Jamás he dicho tal cosa, tan solo he hecho una pregunta al respecto, nos os aventuréis a malinterpretarme por ello. De todos modos no estoy aún interesada en encontrar un esposo. Y aunque algunas veces mi madre adoptiva me lo ha propuesto yo no me veo preparada para ello. Lo pregunté por mera curiosidad, no porque sea mi aspiración. Tan solo pienso: ¿Por que he de ser yo y no otra persona quien tenga que sufrir todo esto que decís? ¿Que he hecho yo para que recaiga sobre mí este oscuro sino?
Hánera estaba muy irritada, había pasado de querer escuchar a la mujer cuando la vio en el mercado a no desear oír nada más. Cada palabra que salía de los labios de Simara le llenaba más de incertidumbre y de indignación, no le había dicho nada de lo que ella hubiera deseado escuchar. Movió la cabeza hacia la cortina que cubría la puerta, recordó que su hermano estaba en el mercado y que esa mañana iba a enseñarle por fin esgrima. Se levantó pensando que la mujer ya no iba a decirle nada más.
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Yo no puedo contestarte a eso, no sé porque es tu destino y no el de otro, tan solo me he limitado a decir lo que conozco. ¡No sabes cuanto tiempo te he buscado ni cuanto he esperado para hablar contigo!, como ves cada uno tiene su propio cometido en esta vida. Pero ahora que he dicho todo lo que tenía que decirte me siento tranquila al fin. Ya puedes irte y continuar con tu vida, no te robaré más tiempo. Adiós Hánera, te deseo mucha suerte a partir de este momento. “Egkanne ha namen prêhé, egkane elethem kuirhe”
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¿Que significan esas palabras?-
“Cada nombre un destino, cada estrella un lugar”. Tan sólo es parte de un viejo dicho... -dijo la maga distraidamente.
Hánera salió por la puerta, indignada por todo lo que había escuchado y sin saber muy bien que creer o que dejar de creerse. El murmullo de la gente se le hizo ensordecedor, algo que la aturdió unos momentos, era como si dentro de la tienda de Simara, por algún raro hechizo no consiguiera penetrar el ruido que había en la calle.
-... Un dicho que pronto volverá a tener sentido – Concluyó la maga una vez sola.