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lunes, octubre 09, 2017
No te rindas - Mario Benedetti
No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
----------------------------------------------------
Mi contestación para el poeta
Llevo un año muy horrible
y no me sale bien nada
sin trabajo ni dinero
hasta fui atropellada.
Tú me dices "no te rindas,
hay que seguir caminando
aunque el frío te queme".
Yo más bien voy gateando
Usted qué sabe del frío,
Benedetti, con permiso.
véngase para Nagano,
pagamos a medias el piso.
No tengo ganas de fiesta
y estoy buscando imposibles,
¿cómo me envío mis discos
de una manera asequible?.
Yo me voy pero mis cosas
se vienen a España conmigo
no me quedo sin los Johnnys
que no me sale del higo.
Aunque el espejo me miente
yo me siento super vieja
Si no encuentro un empleo
ni preguntes por pareja.
Y con esto me despido
Don Mario donde se halle
igual al volver a casa
ya no quedan ni las calles.
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.
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Mi contestación para el poeta
Llevo un año muy horrible
y no me sale bien nada
sin trabajo ni dinero
hasta fui atropellada.
Tú me dices "no te rindas,
hay que seguir caminando
aunque el frío te queme".
Yo más bien voy gateando
Usted qué sabe del frío,
Benedetti, con permiso.
véngase para Nagano,
pagamos a medias el piso.
No tengo ganas de fiesta
y estoy buscando imposibles,
¿cómo me envío mis discos
de una manera asequible?.
Yo me voy pero mis cosas
se vienen a España conmigo
no me quedo sin los Johnnys
que no me sale del higo.
Aunque el espejo me miente
yo me siento super vieja
Si no encuentro un empleo
ni preguntes por pareja.
Y con esto me despido
Don Mario donde se halle
igual al volver a casa
ya no quedan ni las calles.
viernes, agosto 10, 2007
Un poco de mitología inventada
En esta caso por mí, para nuestro libro.
Siempre fui una apasionada de la mitología griega (molaba más q la romana, q era una pura copia), tambien me ha gustado la egipcia, sólo q me lio con toda esa gente con cabeza de chacal, de gato, de buitre y de ostias en vinagre... no soy capaz de distinguirlos. Me mola más la griega, en la que los dioses se lian con su hermanas, sobrinas y demás incestos varios. Cuando se enfadan la lían en la Tierra y matan al personal en guerras o si les peta se tiran a los mortales, a las ninfas o a quien se les ponga x delante.
Creo q Zeus era el Diox del puterío, que peligro tenía. Su mujer tenía más cuernos q el minotauro (q por cierto, era hijo de Zeus).
Los Dioses griegos eran muy "humanos" y sus reacciones y hechos se semajaban mucho más a nosotros que a "seres de perfección" y ese era precisamente su punto fuerte, que aquello parecía más "Salsa Rosa vs Gran Hermano" que una religión seria.
Deberían aprender de ellos los Cristianos, si dijeran que Cristo se tiró a María Magdalena a lo mejor conseguían que fuera más gente a misa, porq lo que es yo solo leo la biblia para buscar referencias q salen en pelis (véase Pulp Fiction o Salvar al soldado Ryan)
(Si leyera esto Benedicto alias "papa palpatine" a lo mejor le daba un jamacuco, pero no estoy diciendo nada q no haya escrito en algún Best Seller Dan Brown)
- Samod-Limet, El Reverenciado. Dios supremo, padre de todas las cosas.
- Hánera la diosa de la flora, viste siempre de verde y lleva una corona en la frente hecha con rosas blancas que mueren en otoño y vuelven a florecer con la primera calidez de la primavera. Sus cabellos cambian de color según las estaciones, en primavera sus largos cabellos son de un verde oscuro propio de las hojas jóvenes, en verano el verde se vuelve más claro, en otoño amarillea y se vuelve rubio y por último en invierno se vuelve pardo, oscuro, como el de las hojas secas y marchitas. Es considerada la más bella de las diosas. Es la patrona de los campesinos, le rezan para recoger buenas cosechas.
- Aretne la diosa de la fauna. Protectora de los animales. Su pelo es negro y ondulado y su piel color tostado. Viste pieles pardas y lleva un tocado de coloridas plumas en la cabeza. Sus ojos son felinos, de pupilas rasgadas. Su voz es melodiosa como el trino de un pájaro, pero si está enojada es capaz de rugir como un oso. Siempre lleva la aljaba cargada de flechas y su arco en la mano dispuesta para ahuyentar aquellos que no deban cazar en sus dominios. Es indomable y fuerte como un guerrero y cabalga sobre un gran caballo negro cuyo galope hace temblar la tierra a su alrededor y espanta a los indeseables con un gran temor en el corazón. Es patrona de los cazadores porque es a ella a quien se le pide que te conceda poder conseguir una buena pieza en las cacerías.
- Liorhen el dios del mar. Se dice de él que “tiene 2 caras”. Es poderoso y benevolente, pero también traicionero y rencoroso si no se le reza o se hacen sacrificios en su nombre. Él da la pesca a aquellos pescadores que lo merecen, al resto les deja morir de hambre. Es venerado en los pueblos y ciudades costeras como aquel que les da de comer así que es mejor estar a bien con él. Produce marejadas y fuertes oleajes cuando se le ofende o está encolerizado por algo. Legendariamente se cree que Samod-Limet le concedió a Liorhen con su divina gracia un vástago fruto de una relación con un “espíritu del agua” llamada Phaere en un intento de hacerle un Dios más compasivo con los seres de la creación. Su hijo, de nombre Larhok, jamás ha abandonado la forma originaria en la que nació (la de un niño de unos 4 años) vive cerca de los ríos o de los lagos acompañando siempre a su madre y al resto de espíritus acuáticos. Hay quien ha creído ver alguna vez a un extraño y solitario niño vestido todo de azul jugando en la orilla de algún río o bañándose en un lago pero todo aquel que lo ha presenciado ha preferido callar y guardarlo en su memoria….
- Sayerthe la dama de la noche. Viste una túnica de color azul profundo y sus cabellos largos y lisos son del color de la plata. Ella puso las estrellas en el cielo que son sus propias lágrimas de amor por el Dios Etron, que no le correspondió porque él deseaba la soledad y vivir libre en el cielo. Ella al ser rechazada lloró las lágrimas de cristal brillante que ahora inundan la noche con su luz. Siempre está triste y melancólica porque sólo puede ver a su amado en los minutos que la noche y el día conviven, justo cuando Etron se oculta con el sol y ella sale para gobernar la noche. Su casa está en la luna y desde ella vigila y alumbra a aquellos que se escudan en la noche para pasar desapercibidos o huir. Es la patrona de los enamorados y a ella se encomiendan aquellos que quieren conseguir la felicidad en ese asunto. Inspiradora de poetas, bardos y artistas de todo tipo. Es la diosa más clemente y misericordiosa junto a Hánera, ambas saben apiadarse de aquellos que se len encomiendan pidiendo su ayuda.
- Etron el Señor de la gran esfera (Sol) se cree que controla también las lluvias, los vientos, la nieve… Es el patrón de las batallas, los torneos y los enfrentamientos de todo tipo pero también de la justicia. Los soldados le rezan a él para conseguir su favor y su protección. Viste una armadura dorada con el símbolo del sol en la coraza, su arma es una gran lanza acabada en una punta retorcida como un relámpago. Rechazó el amor de la más dulce de todas las diosas, Sayerthe, cuando esta desenmascaró sus sentimientos hacia él porque sólo le preocupan sus propios asuntos. De haber sido Aretne (diosa guerrera y cazadora) quien se hubiera declarado, tal vez la respuesta hubiera sido muy diferente…
Siempre fui una apasionada de la mitología griega (molaba más q la romana, q era una pura copia), tambien me ha gustado la egipcia, sólo q me lio con toda esa gente con cabeza de chacal, de gato, de buitre y de ostias en vinagre... no soy capaz de distinguirlos. Me mola más la griega, en la que los dioses se lian con su hermanas, sobrinas y demás incestos varios. Cuando se enfadan la lían en la Tierra y matan al personal en guerras o si les peta se tiran a los mortales, a las ninfas o a quien se les ponga x delante.
Creo q Zeus era el Diox del puterío, que peligro tenía. Su mujer tenía más cuernos q el minotauro (q por cierto, era hijo de Zeus).
Los Dioses griegos eran muy "humanos" y sus reacciones y hechos se semajaban mucho más a nosotros que a "seres de perfección" y ese era precisamente su punto fuerte, que aquello parecía más "Salsa Rosa vs Gran Hermano" que una religión seria.
Deberían aprender de ellos los Cristianos, si dijeran que Cristo se tiró a María Magdalena a lo mejor conseguían que fuera más gente a misa, porq lo que es yo solo leo la biblia para buscar referencias q salen en pelis (véase Pulp Fiction o Salvar al soldado Ryan)
(Si leyera esto Benedicto alias "papa palpatine" a lo mejor le daba un jamacuco, pero no estoy diciendo nada q no haya escrito en algún Best Seller Dan Brown)
- Samod-Limet, El Reverenciado. Dios supremo, padre de todas las cosas.
- Hánera la diosa de la flora, viste siempre de verde y lleva una corona en la frente hecha con rosas blancas que mueren en otoño y vuelven a florecer con la primera calidez de la primavera. Sus cabellos cambian de color según las estaciones, en primavera sus largos cabellos son de un verde oscuro propio de las hojas jóvenes, en verano el verde se vuelve más claro, en otoño amarillea y se vuelve rubio y por último en invierno se vuelve pardo, oscuro, como el de las hojas secas y marchitas. Es considerada la más bella de las diosas. Es la patrona de los campesinos, le rezan para recoger buenas cosechas.
- Aretne la diosa de la fauna. Protectora de los animales. Su pelo es negro y ondulado y su piel color tostado. Viste pieles pardas y lleva un tocado de coloridas plumas en la cabeza. Sus ojos son felinos, de pupilas rasgadas. Su voz es melodiosa como el trino de un pájaro, pero si está enojada es capaz de rugir como un oso. Siempre lleva la aljaba cargada de flechas y su arco en la mano dispuesta para ahuyentar aquellos que no deban cazar en sus dominios. Es indomable y fuerte como un guerrero y cabalga sobre un gran caballo negro cuyo galope hace temblar la tierra a su alrededor y espanta a los indeseables con un gran temor en el corazón. Es patrona de los cazadores porque es a ella a quien se le pide que te conceda poder conseguir una buena pieza en las cacerías.
- Liorhen el dios del mar. Se dice de él que “tiene 2 caras”. Es poderoso y benevolente, pero también traicionero y rencoroso si no se le reza o se hacen sacrificios en su nombre. Él da la pesca a aquellos pescadores que lo merecen, al resto les deja morir de hambre. Es venerado en los pueblos y ciudades costeras como aquel que les da de comer así que es mejor estar a bien con él. Produce marejadas y fuertes oleajes cuando se le ofende o está encolerizado por algo. Legendariamente se cree que Samod-Limet le concedió a Liorhen con su divina gracia un vástago fruto de una relación con un “espíritu del agua” llamada Phaere en un intento de hacerle un Dios más compasivo con los seres de la creación. Su hijo, de nombre Larhok, jamás ha abandonado la forma originaria en la que nació (la de un niño de unos 4 años) vive cerca de los ríos o de los lagos acompañando siempre a su madre y al resto de espíritus acuáticos. Hay quien ha creído ver alguna vez a un extraño y solitario niño vestido todo de azul jugando en la orilla de algún río o bañándose en un lago pero todo aquel que lo ha presenciado ha preferido callar y guardarlo en su memoria….
- Sayerthe la dama de la noche. Viste una túnica de color azul profundo y sus cabellos largos y lisos son del color de la plata. Ella puso las estrellas en el cielo que son sus propias lágrimas de amor por el Dios Etron, que no le correspondió porque él deseaba la soledad y vivir libre en el cielo. Ella al ser rechazada lloró las lágrimas de cristal brillante que ahora inundan la noche con su luz. Siempre está triste y melancólica porque sólo puede ver a su amado en los minutos que la noche y el día conviven, justo cuando Etron se oculta con el sol y ella sale para gobernar la noche. Su casa está en la luna y desde ella vigila y alumbra a aquellos que se escudan en la noche para pasar desapercibidos o huir. Es la patrona de los enamorados y a ella se encomiendan aquellos que quieren conseguir la felicidad en ese asunto. Inspiradora de poetas, bardos y artistas de todo tipo. Es la diosa más clemente y misericordiosa junto a Hánera, ambas saben apiadarse de aquellos que se len encomiendan pidiendo su ayuda.
- Etron el Señor de la gran esfera (Sol) se cree que controla también las lluvias, los vientos, la nieve… Es el patrón de las batallas, los torneos y los enfrentamientos de todo tipo pero también de la justicia. Los soldados le rezan a él para conseguir su favor y su protección. Viste una armadura dorada con el símbolo del sol en la coraza, su arma es una gran lanza acabada en una punta retorcida como un relámpago. Rechazó el amor de la más dulce de todas las diosas, Sayerthe, cuando esta desenmascaró sus sentimientos hacia él porque sólo le preocupan sus propios asuntos. De haber sido Aretne (diosa guerrera y cazadora) quien se hubiera declarado, tal vez la respuesta hubiera sido muy diferente…
miércoles, mayo 23, 2007
Poemas.
El hombre de mis sueños
"La más dulce canción
Que escucharon mis oídos
Fue tu respiración
Acompañada de mis latidos.
El más cálido abrigo
Que llevé en una noche fría
Fueron tus fuertes brazos,
Y tu piel sobre a la mía.
El sabor de tus labios
Desata todos mis sentidos
Impregna mi corazón
Por la locura barrido.
Despertar y abrir los ojos.
Para mí es un dulce regalo
Porque sé que estás junto a mí
Y siempre estarás a mi lado.
Si pudiera pedir un deseo
Tan solo una cosa diría
Que tú fueras real
Y no sólo mi fantasía."
Que escucharon mis oídos
Fue tu respiración
Acompañada de mis latidos.
El más cálido abrigo
Que llevé en una noche fría
Fueron tus fuertes brazos,
Y tu piel sobre a la mía.
El sabor de tus labios
Desata todos mis sentidos
Impregna mi corazón
Por la locura barrido.
Despertar y abrir los ojos.
Para mí es un dulce regalo
Porque sé que estás junto a mí
Y siempre estarás a mi lado.
Si pudiera pedir un deseo
Tan solo una cosa diría
Que tú fueras real
Y no sólo mi fantasía."

Princesa
"Cual princesa de cuento
Envenenada por tristeza
Adormilada en mi lecho
Espero al que borre mi pereza
No sé si existe tal ser
Capaz de tan ardua hazaña
Pensar que viene hacia mí
Y mis heridas restaña
Tal vez le cueste trabajo
Pues son un tanto profundas
Si toma fuerte mi mano
Impedirá que me hunda.
Me convertiré en su armadura
Mientras lata mi corazón
Le acompañaré en su aventura
En este viaje de dos
¿Quién salvará a quien?
Será la eterna pregunta
Tan sólo será respondida
Al estar las almas juntas.
He pedido un imposible
Un hermoso príncipe azul
El destino es misterioso
Tal vez ese seas tú."
Cuanto peor me siento más me apetece escribir, es matemático. Me lo pide el cuerpo lo mismo que el agua cuando tengo sed. Hace cosa de un mes largo que tengo este continuo estado de "inspiración y melancolía" y voy con mi cuaderno a todos sitios porque lo mismo me pongo a escribir en el bus, que en medio de clase, que viendo la tele. Estos poemas son 2 ejemplos de ello, esta vez me ha dado incluso para escribir una canción... sólo falta que Zek tenga tiempo (o le de la gana) de hacerme la música que le encargué para poder cantarla y atormentaros con ella a todos.
Creedme que lo intento, pero ultimamente sólo puedo escribir de amor y desamor, ya os dije que había sido Becquer en una vida anterior, ateneos a las cosecuencias... (Diox soy tan ñoña y romanticona que empalago)
Jajajajajaja.
P.D. Sar, espero que estos poemas "no te den ganas de suicidarte", como una vez me dijiste, si es así, lo siento. Que demonios: ¡¡TE JODES!!
Muhahaha.
lunes, marzo 12, 2007
El mercado de Sodin.
(Fragmento de un capítulo de nuestro libro, tiene un tono un poco raro... lo sé; porque el resto del libro no va mucho por ahí, pero bueno. Siempre me ha gustado este primer encuentro de Hánera y Simara "los magos se creen muy listos")
Aicer y Hánera caminaban distraídamente por entre los puestos del mercado, de haber sido de otro modo tal vez se hubieran percatado de que había una mujer que no les quitaba ojo a cada paso que daban. Iba vestida de pardo de pies a cabeza con una especie de túnica anudada a la cintura con una tira de cuero marrón. Era delgada como el tronco de un árbol joven y no demasiado alta. Sus ojos tenían el color de la miel, eran incluso más dorados si cabe. Siguió a los dos jóvenes por la calle con bastante disimulo. Aicer iba delante, se adelantó un poco a mirar un puesto de orfebrería. La mujer se metió entre la gente y salió justo al paso de Hánera sorprendiéndola repentinamente poniéndose frente a ella. Hánera intentó esquivar a la mujer para seguir caminando pero esta le dijo que esperase. La joven frenó el paso, era como si las palabras de la mujer fueran órdenes para ella.
- ¿Quien sois? – preguntó Hánera sin poder apartar la mirada de los hermosos y exóticos ojos amarillentos de la mujer.
- La pregunta que deberías hacer es quien eres tú misma. – Dijo sonriendo extrañamente – aunque yo podría responderte a ambas puesto que sé las respuestas a las dos preguntas.
Hánera no supo que decir ni a que se estaba refiriendo esa mujer con tan complicado trabalenguas. Aún así no quiso irse de su lado y dejarla con la palabra en la boca, tenía la rara sensación de sentirse bien a su lado. Sus palabras eran cálidas al igual que su voz e invitaban a seguir escuchando. La mujer alargó el brazo y cogió de la mano a Hánera, la cual sintió como una inexplicable descarga de energía recorría su cuerpo al contacto con la piel de la mujer. Se mareó un poco, se sentía algo aturdida pero era una sensación agradable, algo similar a estar embriagada por un par de copas de un buen vino.
- Tengo algo que decirte, ¿vendrás conmigo, muchacha? – Preguntó la mujer con una franca sonrisa.
Hánera no habló, hizo un gesto con la cabeza y luego apretó fuertemente la mano de la mujer, ambas comenzaron a caminar entre la gente. La joven se sentía como una niña de la mano de su madre, sujeta fuertemente como si no quisiera separarse y perderse del lado de la mujer vestida de color pardo. No se acordó de Aicer en ningún momento, de hecho olvidó por completo incluso que esa mañana era la primera clase de esgrima que su hermano iba a impartirle.
Llegaron a una tienda de tela estampada, tenía realidad la forma de una pequeña carpa. Entraron. La mujer cerró la cortina que había en la puerta e invitó a Hánera a sentarse. El suelo estaba cubierto por una tela terrosa y había muchos cojines de colores por el suelo: marrones, verdes, amarillos, rojizos. Todos tenían formas ovaladas o redondas, de varios tamaños. A la joven todo aquello le recordó el suelo de un bosque en otoño, los cojines hacían las veces de hojas de árboles.
Por fin se sentó y se dio cuenta de que el lugar era muy acogedor, estaba iluminado por lamparillas de aceite y varias velas colgaban del techo engarzadas en unas lámparas que a simple vista parecían hechas con madera, con ramas enroscadas unas sobre otras.
- ¿Quieres una taza de té? – Inquirió la mujer amablemente.
Hánera afirmó con la cabeza. La voz de ella era bastante profunda para ser femenina pero no era desagradable, tal vez recordaba un poco a la de una anciana, o eso pensó Hánera.
La mujer cogió una tetera de cerámica y la puso sobre una pequeña mesita. Luego puso un puchero metálico al fuego. Y rebuscó en una cesta de mimbre con varias bolsitas de tela una que contuviera té. La joven no dejó de observarla en todo momento, a simple vista parecía de mediana edad pero había algo extraño en ella. El brillo de sus ojos reflejaba haber vivido muchos años pero su rostro no lo revelaba. Su piel apenas salpicaba con algunas arrugas el precioso óvalo de su cara. Estaba algo tostada por el sol. El pelo, muy largo y negro caía en ligeras ondas hasta la mitad de su espalda. No se podía negar que tuviera la edad que tuviera era una mujer aún muy hermosa.
Dejó el agua calentando y se sentó frente a la muchacha, ambas se miraron durante unos segundos. Hánera no quería hablar, de hecho lo único que le apetecía era seguir escuchando la bonita y profunda voz de la mujer.
- Si de veras quieres saber mi nombre te diré que me llamo Simara, y me dedico a vender hierbas medicinales por los mercados de toda esta zona. Conozco las plantas adecuadas para curar muchas de las enfermedades pero también soy conocedora de otros remedios para aliviar dolores que se llevan más dentro y son más complicados de sanar.
- ¿Sois una especie de curandera, entonces? – preguntó al fin la muchacha rompiendo así su silencio.
- ¿Curandera dices? Bueno, podría llamárseme así pero yo siempre he preferido el término “maga”, es más de mi gusto. – Y luego sonrió.
- ¿Una maga? ¿En verdad conocéis las artes magicas? Podríais demostrármelo y así os creería de buen grado – Dijo Hánera un poco reticente - ¿Sabéis acaso hacer encantamientos, o veis con clarividencia el futuro?
La mujer rió un poco, luego se levantó y apartó el cazo del fuego, echó unas cuantas hojas de té seco en la tetera y luego vertió el agua caliente en ella.
- Me resulta extraño que te cueste tanto trabajo creer en la magia cuando una parte de ella también habita en tú interior.
- ¿A que os referís con eso? Carezco de magia en modo alguno. Eso es absurdo. – La muchacha parecía asombrada e incrédula a partes iguales.
La mujer dejó la tetera sobre una pequeña mesa a la izquierda de Hánera y volvió a sentarse entre los cojines.
- Dame tu mano izquierda, te lo demostraré.
La muchacha alargó el brazo y la mujer sujeto la pálida mano de la joven entre las suyas que contrastaban por ser mucho más morenas. Hánera volvió a sentir un escalofrío de energía recorriéndola. La mujer observó la palma de la mano con suma atención, su dedo índice recorría las líneas marcadas en ella.
- Tienes manos de sanadora. – dijo al fin. – Puedes curar dolores externos con solo posarlas sobre las heridas infligidas, y eso es más importante que todo mi conocimiento sobre las plantas. Tienes un don muy valioso, muchacha. – Hizo una larga pausa sin dejar de mirar la mano de la joven. Hánera tenía una expresión de curiosidad en el rostro, quería creerla porque sus palabras parecían firmes pero su particular escepticismo luchaba contra ello. - Como me temía... Ves esta línea que cruza sobre esta otra tan larga. – Dijo mientras señalaba sobre la mano.
- Sí, la veo. ¿Que tiene de extraordinario?
- Es la primera vez que la encuentro, jamás había visto esta línea en ninguna otra persona, me alegro de haber encontrado este signo al fin. – Miró a los ojos de Hánera con una expresión seria, parecía que estaba muy segura de lo que iba a decir - Estas llamada a un destino muy alto muchacha, no sé si serás capaz de soportar una carga semejante.
- ¿A qué destino os referís? Hablad, por favor.- Se sentía azorada, no quería creer pero quería escuchar al menos las palabras que no debía tomar en serio.
- Eso yo no puedo contártelo, debes ser tú misma quien lo vaya descubriendo con el tiempo.
- ¡Menuda vidente! – exclamó la joven con fastidio - Si ni tan siquiera me decís aquello que “supuestamente” sabéis tal vez sea porque lo cierto es que no sabéis nada.
Simara miró de un modo extraño a la joven. Luego sonrió con un aire irónico. Cogió la tetera y vertió el té en dos tazas de barro.
- Aún hay muchos problemas por resolver y no tengo tiempo de hacer creer a una muchacha engreída mis palabras. Si quieres creerme bien, si no, no lo hagas pero al menos escúchame. El tiempo pone todo en su lugar, y tarde o temprano descubrirás para tu propio asombro que la mujer que leyó tu mano en Sodin no era una vulgar charlatana.
Hánera se sintió ofendida en su orgullo por lo de “muchacha engreída” pero no dijo nada al respecto. El tono de la mujer le había dejado aún más intranquila de lo que ya estaba antes y por cortesía siguió escuchando muy atenta las palabras de la “supuesta maga”, haciéndole ver de este modo que no era engreída de ninguna manera. La mujer le alargó una de las dos tazas y Hánera la cogió dándole las gracias.
- Antes de saber quien podrías llegar a ser debes encontrar primero respuesta a quien eres ahora.
- Eso es sencillo, mi nombre es Hánera. Y si tanto afirmáis saber sobre mí probablemente sepáis hasta quien es mi padre. – Dijo en un tono medio burlón.
- Yo si lo sé, la que no recuerda quien es su padre eres tú. – Contestó sarcástica la maga. – Sé de sobra que ahora eres la hija del Rey de Sodin, si es a lo que te estabas refiriendo. Lo cual es un privilegio. Pero antes fuiste alguien muy diferente. No puedes ni hacerte una idea…
Hánera se esforzó en ocultar su asombrada expresión, intentó beber de la taza pero después de un pequeño sorbo no pudo fingir y habló.
- Entonces sabéis quienes fueron mis padres... ¿aún viven?
- Y vivirán aún muchísimos años. – Contestó la mujer con aire distraído, sonrió un segundo, como si lo hiciera para sí misma y prosiguió.
- Son personas importantes, eso sí que puedo decírtelo. Pero no te diré quienes son puesto que no me creerías. Además si te lo contara las cosas no saldrían como deben y yo no soy nadie para alterar el destino del mundo. Tan sólo estoy aquí para guiarte, o al menos ese es el cometido para el que me han enviado. El resto de las cosas irán revelándose tan pronto como sea necesario, no sé si volveremos a vernos pero te aseguro que si eso pasa tu serás una persona bien distinta. Y la niebla que cubre tu mente se habrá disipado.
- ¿Cómo puede cambiar aún más mi vida? Era una muchacha perdida en el bosque y fui recompensada por la magnifica generosidad del mismísimo Rey al convertirme en su hija adoptiva. Le debo tanto que no sé ni como agradecerle todo lo dado.
- Pronto te irás, abandonarás estas tierras. – Dijo la mujer de manera cortante - Tu padre no es tu padre aunque te quiera y te trate como tal, eso siempre lo has sabido. Deberás buscar las respuestas adecuadas, pero antes debes encontrar las preguntas.
- ¿Cómo voy a irme y a abandonar a quienes ahora son mi familia, a aquellos a quienes amo? ¿Cómo herir a los que me protegen y cuidan y estiman como a uno más?, No puedo creeros, lo siento. – Y giró la cabeza hacia un lado.
- A veces hay que huir de aquellos a quienes amas porque amparado en el amor también se puede herir. Y sus heridas son tan poderosas como las que llevan la marca del odio. Sé que quizás se te hace extraño de comprender pero créeme cuando te digo que podrás comprobarlo a lo largo de toda tu vida.
Hánera frunció el ceño, se sentía desolada por tales palabras, tenía ganas de llorar pero pronto pensó que ella no podía creer en tales cosas, que era descabellado y estúpido. Recobró la compostura.
- Ojala os equivoquéis, Simara; ojalá todo esto sea una broma de mal gusto, y os puedo
asegurar que no me hace ninguna gracia.
- ¿Acaso yo me río?, esto no es ninguna chanza. Ten siempre mis palabras muy presentes muchacha, se avecinan vientos de cambios y tú te hallas en medio del huracán.
- Me dais miedo. – contestó con los labios temblorosos.
- No temas, muchacha, puesto que después de la tempestad sale de nuevo el sol y brilla aún más intenso de como lo recordábamos. Sólo espero que el Reverenciado te proteja y que seas capaz de seguir el camino que te ha puesto bajo los pies. De lo contrario habrá mucho por lo que llorar.
- ¿Tanto hay en juego? ¿De veras tanto se espera de mí? Yo que era una mendiga del bosque, puesto que mi mente no alcanza nada más allá. – Se puso la mano en la frente- Si pudiera recordar... ¿Por qué no puedo recordar?
- Piénsalo un momento, Siemprebosque está plagado de proscritos, de ladrones, de viajeros sin rumbo, de cazadores... ¿Acaso crees que fue una simple casualidad que de todas esas personas te encontrara el mismísimo Rey? ¿Y no contento con eso incluso te adoptara?, Si otro hubiera dado contigo ahora mismo podrías ser la sirvienta del algún ladrón de poca monta, o podías haber sido vendida como la prostituta personal para un comerciante rico y eres ni más ni menos que la Princesa de Sodin. Da gracias al Reverenciado por todos estos años y reza por lo que tenga que venir, si es bueno o malo tan sólo depende de como sepas jugar tus cartas.
- ¿Insinuáis que todo esto forma parte de mi "camino"?, ¿Acaso decís que todo lo que debe ocurrirme está ya escrito? Me parece algo desalentador, eso me convierte en algo no muy distinto de una triste marioneta. No niego que es extraño que me encontraran el Rey y el príncipe. No sé si fue casualidad o destino porque ambas muchas veces caminan de la mano.
- Con esas palabras me conformo, si no me crees al menos reflexiona sobre todo esto, busca tus propias conclusiones, pues eso ya será bastante para mí. Por último dos cosas: guarda esto contigo – Dijo sacando un saquito de cuero del bolsillo de su túnica – Dentro hay un pequeño frasco, no te diré lo que contiene pero debes usarlo en un momento desesperado, es un líquido que acabará con tus problemas por completo, pero eso sí, sólo lo usarás cuando lo creas todo perdido, no antes. Júramelo.
La joven lo aceptó y lo guardó inmediatamente, estaba convencida de que la mujer le estaba ofreciendo una botella con veneno, aún así no lo rechazó. Si todo eso iba a ocurrir quien sabe si podía llegar a necesitarlo. Claro que pensaba que todo eso no podía pasar, que era imposible... o eso quería creer. Aún así no dudó un segundo en coger lo que ella le ofrecía, era un “por si acaso”, aceptarlo no probaba que creyera en sus palabras, no significaba nada.
- La segunda cosa y no por ello menos importante es que te dejo hacer una pregunta, la que tú quieras, siempre y cuando evites los temas que ya te he dicho que no puedo, ni debo contestar. Lo entiendes ¿verdad?
- Bueno... – dijo poniéndose un poco colorada – En realidad hay una cosa que siempre se le pregunta a una adivina y que vos no habéis mencionado en ningún momento. Toda persona que tiene la ocasión de hablar con una vidente siempre acaba haciendo esta pregunta... No sé si es muy adecuada- Hánera intentaba excusarse por la tontería que creía que iba a decir, ¿estaría desaprovechando su única pregunta para algo absurdo? Estaba convencida de que sí, pero aún así le apetecía mucho hacerla. Le picaba la curiosidad. – En fin... ¿Encontraré el amor? – Preguntó bajando el rostro con vergüenza.
Simara movió la cabeza de un lado a otro, esbozó una media sonrisa.
- Estos jóvenes... Siempre pensando en lo mismo.- Comenzó - Bueno, de todos modos en tu caso la pregunta no es mala del todo. Te diré sobre ese asunto que el afecto que provoques en los hombres te proporcionará más desgracias que alegrías, y hará que a tu alrededor surjan luchas y problemas. Huye de él como de la peste.
- Insinuáis que mi amor es una especie de maldición. ¿Debo permanecer siempre sola, entonces? – Su rostro se tornó aún más triste. La maga por lo visto no estaba por la labor de decirle algo que fuera agradable. Todo eran malas noticias, incluso en algo tan banal como eso. – Me decís que mi vida va a correr peligro, que debo huir de aquellos que son mi familia, evitar el amor... ¿Qué clase de destino es este? Más bien parece una condena.
- Noooo..... Aún no me has dejado terminar. Podrás encontrar el amor, eso no lo niego, al menos no rotundamente, pero sólo si todo sale como es debido. De lo contrario no hallarás nada más que la muerte y el resto la desearemos también para no tener que sufrir todo lo que venga.
- Agridulce es pues vuestra respuesta. Si tengo que cumplir tan alto encargo para verme recompensada con un esposo no sé si vale la pena el esfuerzo.
- ¡Claro que lo vale! Pues no es sólo tu felicidad la que está en juego sino la de innumerables personas. Y tu vida entre la de muchos otros también está a la merced de este destino. ¿Acaso crees que un marido es lo mejor que podrías llegar a conseguir en esta vida? ¡Muchacha atontada!, ¿No me digas que lo único a lo que aspiras es a encontrar un hombre adinerado y digno de tu clase y pasarte el resto de tu existencia encerrada en casa teniendo criaturas y probándote ricos vestidos?
- ¡¡Por supuesto que no!! – Exclamó muy enojada la joven – Jamás he dicho tal cosa, tan solo he hecho una pregunta al respecto, nos os aventuréis a malinterpretarme por ello. De todos modos no estoy aún interesada en encontrar un esposo. Y aunque algunas veces mi madre adoptiva me lo ha propuesto yo no me veo preparada para ello. Lo pregunté por mera curiosidad, no porque sea mi aspiración. Tan solo pienso: ¿Por que he de ser yo y no otra persona quien tenga que sufrir todo esto que decís? ¿Que he hecho yo para que recaiga sobre mí este oscuro sino?
Hánera estaba muy irritada, había pasado de querer escuchar a la mujer cuando la vio en el mercado a no desear oír nada más. Cada palabra que salía de los labios de Simara le llenaba más de incertidumbre y de indignación, no le había dicho nada de lo que ella hubiera deseado escuchar. Movió la cabeza hacia la cortina que cubría la puerta, recordó que su hermano estaba en el mercado y que esa mañana iba a enseñarle por fin esgrima. Se levantó pensando que la mujer ya no iba a decirle nada más.
- Yo no puedo contestarte a eso, no sé porque es tu destino y no el de otro, tan solo me he limitado a decir lo que conozco. ¡No sabes cuanto tiempo te he buscado ni cuanto he esperado para hablar contigo!, como ves cada uno tiene su propio cometido en esta vida. Pero ahora que he dicho todo lo que tenía que decirte me siento tranquila al fin. Ya puedes irte y continuar con tu vida, no te robaré más tiempo. Adiós Hánera, te deseo mucha suerte a partir de este momento. “Egkanne ha namen prêhé, egkane elethem kuirhe”
- ¿Que significan esas palabras?
- “Cada nombre un destino, cada estrella un lugar”. Tan sólo es parte de un viejo dicho... -dijo la maga distraidamente.
Hánera salió por la puerta, indignada por todo lo que había escuchado y sin saber muy bien que creer o que dejar de creerse. El murmullo de la gente se le hizo ensordecedor, algo que la aturdió unos momentos, era como si dentro de la tienda de Simara, por algún raro hechizo no consiguiera penetrar el ruido que había en la calle.
-... Un dicho que pronto volverá a tener sentido – Concluyó la maga una vez sola.
Aicer y Hánera caminaban distraídamente por entre los puestos del mercado, de haber sido de otro modo tal vez se hubieran percatado de que había una mujer que no les quitaba ojo a cada paso que daban. Iba vestida de pardo de pies a cabeza con una especie de túnica anudada a la cintura con una tira de cuero marrón. Era delgada como el tronco de un árbol joven y no demasiado alta. Sus ojos tenían el color de la miel, eran incluso más dorados si cabe. Siguió a los dos jóvenes por la calle con bastante disimulo. Aicer iba delante, se adelantó un poco a mirar un puesto de orfebrería. La mujer se metió entre la gente y salió justo al paso de Hánera sorprendiéndola repentinamente poniéndose frente a ella. Hánera intentó esquivar a la mujer para seguir caminando pero esta le dijo que esperase. La joven frenó el paso, era como si las palabras de la mujer fueran órdenes para ella.
- ¿Quien sois? – preguntó Hánera sin poder apartar la mirada de los hermosos y exóticos ojos amarillentos de la mujer.
- La pregunta que deberías hacer es quien eres tú misma. – Dijo sonriendo extrañamente – aunque yo podría responderte a ambas puesto que sé las respuestas a las dos preguntas.
Hánera no supo que decir ni a que se estaba refiriendo esa mujer con tan complicado trabalenguas. Aún así no quiso irse de su lado y dejarla con la palabra en la boca, tenía la rara sensación de sentirse bien a su lado. Sus palabras eran cálidas al igual que su voz e invitaban a seguir escuchando. La mujer alargó el brazo y cogió de la mano a Hánera, la cual sintió como una inexplicable descarga de energía recorría su cuerpo al contacto con la piel de la mujer. Se mareó un poco, se sentía algo aturdida pero era una sensación agradable, algo similar a estar embriagada por un par de copas de un buen vino.
- Tengo algo que decirte, ¿vendrás conmigo, muchacha? – Preguntó la mujer con una franca sonrisa.
Hánera no habló, hizo un gesto con la cabeza y luego apretó fuertemente la mano de la mujer, ambas comenzaron a caminar entre la gente. La joven se sentía como una niña de la mano de su madre, sujeta fuertemente como si no quisiera separarse y perderse del lado de la mujer vestida de color pardo. No se acordó de Aicer en ningún momento, de hecho olvidó por completo incluso que esa mañana era la primera clase de esgrima que su hermano iba a impartirle.
Llegaron a una tienda de tela estampada, tenía realidad la forma de una pequeña carpa. Entraron. La mujer cerró la cortina que había en la puerta e invitó a Hánera a sentarse. El suelo estaba cubierto por una tela terrosa y había muchos cojines de colores por el suelo: marrones, verdes, amarillos, rojizos. Todos tenían formas ovaladas o redondas, de varios tamaños. A la joven todo aquello le recordó el suelo de un bosque en otoño, los cojines hacían las veces de hojas de árboles.
Por fin se sentó y se dio cuenta de que el lugar era muy acogedor, estaba iluminado por lamparillas de aceite y varias velas colgaban del techo engarzadas en unas lámparas que a simple vista parecían hechas con madera, con ramas enroscadas unas sobre otras.
- ¿Quieres una taza de té? – Inquirió la mujer amablemente.
Hánera afirmó con la cabeza. La voz de ella era bastante profunda para ser femenina pero no era desagradable, tal vez recordaba un poco a la de una anciana, o eso pensó Hánera.
La mujer cogió una tetera de cerámica y la puso sobre una pequeña mesita. Luego puso un puchero metálico al fuego. Y rebuscó en una cesta de mimbre con varias bolsitas de tela una que contuviera té. La joven no dejó de observarla en todo momento, a simple vista parecía de mediana edad pero había algo extraño en ella. El brillo de sus ojos reflejaba haber vivido muchos años pero su rostro no lo revelaba. Su piel apenas salpicaba con algunas arrugas el precioso óvalo de su cara. Estaba algo tostada por el sol. El pelo, muy largo y negro caía en ligeras ondas hasta la mitad de su espalda. No se podía negar que tuviera la edad que tuviera era una mujer aún muy hermosa.
Dejó el agua calentando y se sentó frente a la muchacha, ambas se miraron durante unos segundos. Hánera no quería hablar, de hecho lo único que le apetecía era seguir escuchando la bonita y profunda voz de la mujer.
- Si de veras quieres saber mi nombre te diré que me llamo Simara, y me dedico a vender hierbas medicinales por los mercados de toda esta zona. Conozco las plantas adecuadas para curar muchas de las enfermedades pero también soy conocedora de otros remedios para aliviar dolores que se llevan más dentro y son más complicados de sanar.
- ¿Sois una especie de curandera, entonces? – preguntó al fin la muchacha rompiendo así su silencio.
- ¿Curandera dices? Bueno, podría llamárseme así pero yo siempre he preferido el término “maga”, es más de mi gusto. – Y luego sonrió.
- ¿Una maga? ¿En verdad conocéis las artes magicas? Podríais demostrármelo y así os creería de buen grado – Dijo Hánera un poco reticente - ¿Sabéis acaso hacer encantamientos, o veis con clarividencia el futuro?
La mujer rió un poco, luego se levantó y apartó el cazo del fuego, echó unas cuantas hojas de té seco en la tetera y luego vertió el agua caliente en ella.
- Me resulta extraño que te cueste tanto trabajo creer en la magia cuando una parte de ella también habita en tú interior.
- ¿A que os referís con eso? Carezco de magia en modo alguno. Eso es absurdo. – La muchacha parecía asombrada e incrédula a partes iguales.
La mujer dejó la tetera sobre una pequeña mesa a la izquierda de Hánera y volvió a sentarse entre los cojines.
- Dame tu mano izquierda, te lo demostraré.
La muchacha alargó el brazo y la mujer sujeto la pálida mano de la joven entre las suyas que contrastaban por ser mucho más morenas. Hánera volvió a sentir un escalofrío de energía recorriéndola. La mujer observó la palma de la mano con suma atención, su dedo índice recorría las líneas marcadas en ella.
- Tienes manos de sanadora. – dijo al fin. – Puedes curar dolores externos con solo posarlas sobre las heridas infligidas, y eso es más importante que todo mi conocimiento sobre las plantas. Tienes un don muy valioso, muchacha. – Hizo una larga pausa sin dejar de mirar la mano de la joven. Hánera tenía una expresión de curiosidad en el rostro, quería creerla porque sus palabras parecían firmes pero su particular escepticismo luchaba contra ello. - Como me temía... Ves esta línea que cruza sobre esta otra tan larga. – Dijo mientras señalaba sobre la mano.
- Sí, la veo. ¿Que tiene de extraordinario?
- Es la primera vez que la encuentro, jamás había visto esta línea en ninguna otra persona, me alegro de haber encontrado este signo al fin. – Miró a los ojos de Hánera con una expresión seria, parecía que estaba muy segura de lo que iba a decir - Estas llamada a un destino muy alto muchacha, no sé si serás capaz de soportar una carga semejante.
- ¿A qué destino os referís? Hablad, por favor.- Se sentía azorada, no quería creer pero quería escuchar al menos las palabras que no debía tomar en serio.
- Eso yo no puedo contártelo, debes ser tú misma quien lo vaya descubriendo con el tiempo.
- ¡Menuda vidente! – exclamó la joven con fastidio - Si ni tan siquiera me decís aquello que “supuestamente” sabéis tal vez sea porque lo cierto es que no sabéis nada.
Simara miró de un modo extraño a la joven. Luego sonrió con un aire irónico. Cogió la tetera y vertió el té en dos tazas de barro.
- Aún hay muchos problemas por resolver y no tengo tiempo de hacer creer a una muchacha engreída mis palabras. Si quieres creerme bien, si no, no lo hagas pero al menos escúchame. El tiempo pone todo en su lugar, y tarde o temprano descubrirás para tu propio asombro que la mujer que leyó tu mano en Sodin no era una vulgar charlatana.
Hánera se sintió ofendida en su orgullo por lo de “muchacha engreída” pero no dijo nada al respecto. El tono de la mujer le había dejado aún más intranquila de lo que ya estaba antes y por cortesía siguió escuchando muy atenta las palabras de la “supuesta maga”, haciéndole ver de este modo que no era engreída de ninguna manera. La mujer le alargó una de las dos tazas y Hánera la cogió dándole las gracias.
- Antes de saber quien podrías llegar a ser debes encontrar primero respuesta a quien eres ahora.
- Eso es sencillo, mi nombre es Hánera. Y si tanto afirmáis saber sobre mí probablemente sepáis hasta quien es mi padre. – Dijo en un tono medio burlón.
- Yo si lo sé, la que no recuerda quien es su padre eres tú. – Contestó sarcástica la maga. – Sé de sobra que ahora eres la hija del Rey de Sodin, si es a lo que te estabas refiriendo. Lo cual es un privilegio. Pero antes fuiste alguien muy diferente. No puedes ni hacerte una idea…
Hánera se esforzó en ocultar su asombrada expresión, intentó beber de la taza pero después de un pequeño sorbo no pudo fingir y habló.
- Entonces sabéis quienes fueron mis padres... ¿aún viven?
- Y vivirán aún muchísimos años. – Contestó la mujer con aire distraído, sonrió un segundo, como si lo hiciera para sí misma y prosiguió.
- Son personas importantes, eso sí que puedo decírtelo. Pero no te diré quienes son puesto que no me creerías. Además si te lo contara las cosas no saldrían como deben y yo no soy nadie para alterar el destino del mundo. Tan sólo estoy aquí para guiarte, o al menos ese es el cometido para el que me han enviado. El resto de las cosas irán revelándose tan pronto como sea necesario, no sé si volveremos a vernos pero te aseguro que si eso pasa tu serás una persona bien distinta. Y la niebla que cubre tu mente se habrá disipado.
- ¿Cómo puede cambiar aún más mi vida? Era una muchacha perdida en el bosque y fui recompensada por la magnifica generosidad del mismísimo Rey al convertirme en su hija adoptiva. Le debo tanto que no sé ni como agradecerle todo lo dado.
- Pronto te irás, abandonarás estas tierras. – Dijo la mujer de manera cortante - Tu padre no es tu padre aunque te quiera y te trate como tal, eso siempre lo has sabido. Deberás buscar las respuestas adecuadas, pero antes debes encontrar las preguntas.
- ¿Cómo voy a irme y a abandonar a quienes ahora son mi familia, a aquellos a quienes amo? ¿Cómo herir a los que me protegen y cuidan y estiman como a uno más?, No puedo creeros, lo siento. – Y giró la cabeza hacia un lado.
- A veces hay que huir de aquellos a quienes amas porque amparado en el amor también se puede herir. Y sus heridas son tan poderosas como las que llevan la marca del odio. Sé que quizás se te hace extraño de comprender pero créeme cuando te digo que podrás comprobarlo a lo largo de toda tu vida.
Hánera frunció el ceño, se sentía desolada por tales palabras, tenía ganas de llorar pero pronto pensó que ella no podía creer en tales cosas, que era descabellado y estúpido. Recobró la compostura.
- Ojala os equivoquéis, Simara; ojalá todo esto sea una broma de mal gusto, y os puedo
asegurar que no me hace ninguna gracia.
- ¿Acaso yo me río?, esto no es ninguna chanza. Ten siempre mis palabras muy presentes muchacha, se avecinan vientos de cambios y tú te hallas en medio del huracán.
- Me dais miedo. – contestó con los labios temblorosos.
- No temas, muchacha, puesto que después de la tempestad sale de nuevo el sol y brilla aún más intenso de como lo recordábamos. Sólo espero que el Reverenciado te proteja y que seas capaz de seguir el camino que te ha puesto bajo los pies. De lo contrario habrá mucho por lo que llorar.
- ¿Tanto hay en juego? ¿De veras tanto se espera de mí? Yo que era una mendiga del bosque, puesto que mi mente no alcanza nada más allá. – Se puso la mano en la frente- Si pudiera recordar... ¿Por qué no puedo recordar?
- Piénsalo un momento, Siemprebosque está plagado de proscritos, de ladrones, de viajeros sin rumbo, de cazadores... ¿Acaso crees que fue una simple casualidad que de todas esas personas te encontrara el mismísimo Rey? ¿Y no contento con eso incluso te adoptara?, Si otro hubiera dado contigo ahora mismo podrías ser la sirvienta del algún ladrón de poca monta, o podías haber sido vendida como la prostituta personal para un comerciante rico y eres ni más ni menos que la Princesa de Sodin. Da gracias al Reverenciado por todos estos años y reza por lo que tenga que venir, si es bueno o malo tan sólo depende de como sepas jugar tus cartas.
- ¿Insinuáis que todo esto forma parte de mi "camino"?, ¿Acaso decís que todo lo que debe ocurrirme está ya escrito? Me parece algo desalentador, eso me convierte en algo no muy distinto de una triste marioneta. No niego que es extraño que me encontraran el Rey y el príncipe. No sé si fue casualidad o destino porque ambas muchas veces caminan de la mano.
- Con esas palabras me conformo, si no me crees al menos reflexiona sobre todo esto, busca tus propias conclusiones, pues eso ya será bastante para mí. Por último dos cosas: guarda esto contigo – Dijo sacando un saquito de cuero del bolsillo de su túnica – Dentro hay un pequeño frasco, no te diré lo que contiene pero debes usarlo en un momento desesperado, es un líquido que acabará con tus problemas por completo, pero eso sí, sólo lo usarás cuando lo creas todo perdido, no antes. Júramelo.
La joven lo aceptó y lo guardó inmediatamente, estaba convencida de que la mujer le estaba ofreciendo una botella con veneno, aún así no lo rechazó. Si todo eso iba a ocurrir quien sabe si podía llegar a necesitarlo. Claro que pensaba que todo eso no podía pasar, que era imposible... o eso quería creer. Aún así no dudó un segundo en coger lo que ella le ofrecía, era un “por si acaso”, aceptarlo no probaba que creyera en sus palabras, no significaba nada.
- La segunda cosa y no por ello menos importante es que te dejo hacer una pregunta, la que tú quieras, siempre y cuando evites los temas que ya te he dicho que no puedo, ni debo contestar. Lo entiendes ¿verdad?
- Bueno... – dijo poniéndose un poco colorada – En realidad hay una cosa que siempre se le pregunta a una adivina y que vos no habéis mencionado en ningún momento. Toda persona que tiene la ocasión de hablar con una vidente siempre acaba haciendo esta pregunta... No sé si es muy adecuada- Hánera intentaba excusarse por la tontería que creía que iba a decir, ¿estaría desaprovechando su única pregunta para algo absurdo? Estaba convencida de que sí, pero aún así le apetecía mucho hacerla. Le picaba la curiosidad. – En fin... ¿Encontraré el amor? – Preguntó bajando el rostro con vergüenza.
Simara movió la cabeza de un lado a otro, esbozó una media sonrisa.
- Estos jóvenes... Siempre pensando en lo mismo.- Comenzó - Bueno, de todos modos en tu caso la pregunta no es mala del todo. Te diré sobre ese asunto que el afecto que provoques en los hombres te proporcionará más desgracias que alegrías, y hará que a tu alrededor surjan luchas y problemas. Huye de él como de la peste.
- Insinuáis que mi amor es una especie de maldición. ¿Debo permanecer siempre sola, entonces? – Su rostro se tornó aún más triste. La maga por lo visto no estaba por la labor de decirle algo que fuera agradable. Todo eran malas noticias, incluso en algo tan banal como eso. – Me decís que mi vida va a correr peligro, que debo huir de aquellos que son mi familia, evitar el amor... ¿Qué clase de destino es este? Más bien parece una condena.
- Noooo..... Aún no me has dejado terminar. Podrás encontrar el amor, eso no lo niego, al menos no rotundamente, pero sólo si todo sale como es debido. De lo contrario no hallarás nada más que la muerte y el resto la desearemos también para no tener que sufrir todo lo que venga.
- Agridulce es pues vuestra respuesta. Si tengo que cumplir tan alto encargo para verme recompensada con un esposo no sé si vale la pena el esfuerzo.
- ¡Claro que lo vale! Pues no es sólo tu felicidad la que está en juego sino la de innumerables personas. Y tu vida entre la de muchos otros también está a la merced de este destino. ¿Acaso crees que un marido es lo mejor que podrías llegar a conseguir en esta vida? ¡Muchacha atontada!, ¿No me digas que lo único a lo que aspiras es a encontrar un hombre adinerado y digno de tu clase y pasarte el resto de tu existencia encerrada en casa teniendo criaturas y probándote ricos vestidos?
- ¡¡Por supuesto que no!! – Exclamó muy enojada la joven – Jamás he dicho tal cosa, tan solo he hecho una pregunta al respecto, nos os aventuréis a malinterpretarme por ello. De todos modos no estoy aún interesada en encontrar un esposo. Y aunque algunas veces mi madre adoptiva me lo ha propuesto yo no me veo preparada para ello. Lo pregunté por mera curiosidad, no porque sea mi aspiración. Tan solo pienso: ¿Por que he de ser yo y no otra persona quien tenga que sufrir todo esto que decís? ¿Que he hecho yo para que recaiga sobre mí este oscuro sino?
Hánera estaba muy irritada, había pasado de querer escuchar a la mujer cuando la vio en el mercado a no desear oír nada más. Cada palabra que salía de los labios de Simara le llenaba más de incertidumbre y de indignación, no le había dicho nada de lo que ella hubiera deseado escuchar. Movió la cabeza hacia la cortina que cubría la puerta, recordó que su hermano estaba en el mercado y que esa mañana iba a enseñarle por fin esgrima. Se levantó pensando que la mujer ya no iba a decirle nada más.
- Yo no puedo contestarte a eso, no sé porque es tu destino y no el de otro, tan solo me he limitado a decir lo que conozco. ¡No sabes cuanto tiempo te he buscado ni cuanto he esperado para hablar contigo!, como ves cada uno tiene su propio cometido en esta vida. Pero ahora que he dicho todo lo que tenía que decirte me siento tranquila al fin. Ya puedes irte y continuar con tu vida, no te robaré más tiempo. Adiós Hánera, te deseo mucha suerte a partir de este momento. “Egkanne ha namen prêhé, egkane elethem kuirhe”
- ¿Que significan esas palabras?
- “Cada nombre un destino, cada estrella un lugar”. Tan sólo es parte de un viejo dicho... -dijo la maga distraidamente.
Hánera salió por la puerta, indignada por todo lo que había escuchado y sin saber muy bien que creer o que dejar de creerse. El murmullo de la gente se le hizo ensordecedor, algo que la aturdió unos momentos, era como si dentro de la tienda de Simara, por algún raro hechizo no consiguiera penetrar el ruido que había en la calle.
-... Un dicho que pronto volverá a tener sentido – Concluyó la maga una vez sola.
jueves, noviembre 23, 2006
Tu silencio
"No quería ir otra vez
Tampoco reconocerlo.
Subir la vieja escalera
del abandonado trastero.
Mientras crujen las tablas
y más gritan mis miedos
El hedor de la humedad,
el olor de los recuerdos.
La oscuridad nubla mi memoria.
No quiero encenderla de nuevo
Enfrentarme otra vez a las llamas
con una vela entre mis dedos.
Acallar los gritos con más gritos.
Silenciar la tormenta con truenos.
Abrir los ojos y ya no verte.
Olvidarlo todo en un momento.
Que ya nadie diga nada.
Que no quede nada de ello.
Que las voces que escuchaba.
sean un vago recuerdo.
Ocultar toda mi rabia.
Relegar el sufrimiento.
Que al final de estas palabras
solo quede tu silencio"
Uno de esos poemas que se escriben de vez en cuando, en un día melancólico y gris....Los mejores días para escribir poesía, sin duda.
Tampoco reconocerlo.
Subir la vieja escalera
del abandonado trastero.
Mientras crujen las tablas
y más gritan mis miedos
El hedor de la humedad,
el olor de los recuerdos.
La oscuridad nubla mi memoria.
No quiero encenderla de nuevo
Enfrentarme otra vez a las llamas
con una vela entre mis dedos.
Acallar los gritos con más gritos.
Silenciar la tormenta con truenos.
Abrir los ojos y ya no verte.
Olvidarlo todo en un momento.
Que ya nadie diga nada.
Que no quede nada de ello.
Que las voces que escuchaba.
sean un vago recuerdo.
Ocultar toda mi rabia.
Relegar el sufrimiento.
Que al final de estas palabras
solo quede tu silencio"
Uno de esos poemas que se escriben de vez en cuando, en un día melancólico y gris....Los mejores días para escribir poesía, sin duda.
martes, julio 11, 2006
Hostelera-hospitalera
Mi espada es un cuchillo
Mi escudo tapa una cazuela
Mi sobrevesta un mandil
Mi estandarte una bayeta
Mi guerra se libra en un comedor
Mi ejercito son camareras
Los dardos se sirven en platos
El enemigo paga con tarjeta
Cuando por fin llega el descanso
En la hora de la tregua
me siento siempre a pensar
en los días que me quedan
Un verano de batallas
Con fregonas y ensaladeras.


Beleg, te debía un poema épico.....bueno ya sé que esto no es al uso uno "muy épico" pero lo escribí hace un par de noches despues de estar de guasa con mi madre (que ahora es fan de lo que escribo, tanto en prosa como en verso) y me hizo gracia hacer una especie de comparación con mi actual vida de "posadera" (como Rosa Coto o Simón cabezahueca, tu ya sabes...)
Mi escudo tapa una cazuela
Mi sobrevesta un mandil
Mi estandarte una bayeta
Mi guerra se libra en un comedor
Mi ejercito son camareras
Los dardos se sirven en platos
El enemigo paga con tarjeta
Cuando por fin llega el descanso
En la hora de la tregua
me siento siempre a pensar
en los días que me quedan
Un verano de batallas
Con fregonas y ensaladeras.


Beleg, te debía un poema épico.....bueno ya sé que esto no es al uso uno "muy épico" pero lo escribí hace un par de noches despues de estar de guasa con mi madre (que ahora es fan de lo que escribo, tanto en prosa como en verso) y me hizo gracia hacer una especie de comparación con mi actual vida de "posadera" (como Rosa Coto o Simón cabezahueca, tu ya sabes...)
miércoles, junio 28, 2006
Angela IV : Cazadores y cazados
Bueno niños/as, este es el último capítulo de la cosa esta que empezó siendo un perfil para un juego on line y se ha convertido en un fanfiction de Buffy Cazavampiros....gajes del oficio. Es muy largo así que hay que cogerlo con ganas. Espero que os guste por lo menos un poco, me ha costado más escribirlo que a vosotros leerlo, eso tenedlo por seguro. ;-)
Clic, clic, clic…..gotas de agua cayendo en un recipiente metálico. Escucho voces, animadas conversaciones suenan sobre mi cabeza, en el piso de arriba. Alguien pasa hojas de papel mientras lee. Abro los ojos. Miró a mi alrededor algo desorientada. Angelus deja en la mesa el periódico que tiene en sus manos y me observa. Sonríe de un modo extraño. Estoy tumbada sobre el banco. Me siento distinta, tranquila, en total calma, y por alguna extraña razón fuerte; como si una gran energía me recorriera por dentro. Me incorporo. El cuello me duele un poco, busco la herida que Angelus me hizo al morderme pero para mi asombro no la encuentro, en su lugar noto una cicatriz casi imperceptible el tacto.-¿Qué hora es?
-Faltan pocos minutos para la media noche.- me acerca el periódico abierto por una pagina en concreto -¿Eras una chica popular...no es cierto?
Lo cojo y miro la fecha: 6 de diciembre.-¡Oh señor!, ¿Cuánto tiempo llevó aquí?
-Casi 48 horas, es tu segunda noche, la noche de tu “renacimiento”.
-Todos estarán preocupados por mí…..-digo en voz baja
-Así es, todo Londres se ha hecho eco de la noticia. Lee el periódico.
Comienzo a leer. “…La extraña desaparición de Angela Parker - Green, primogénita de Sir Robert Benjamin Parker, consejero de su majestad la Reina Victoria…. Hoy es el segundo día sin noticias de ella….preocupación por parte de la familia y los allegados….podría tratarse de un secuestro…..la familia no ha querido pronunciarse, tan solo han expresado que albergan esperanza de que la joven se encuentre viva y a salvo por el momento…”
-¡¿Dios mío que he hecho?!. Llevo dos días desparecida, mi padre tiene que estas destrozado y mamá… y Claire…. ¡pobre Claire!–exclamé cerrando el periódico súbitamente.- Ya te dije que no aceptaba reclamaciones así que no me vengas con quejas, preciosa.
-Me temo que ya da igual si me quejo o no, no hay posibilidad de enmendarlo.
Negué con la cabeza mientras pensaba en las consecuencias de todo esto. Me sorprendí mirando a Angelus de un modo extraño, no podía enfadarme con él, no era culpa suya, yo le había pedido que me convirtiera; además por alguna razón incomprensible comenzaba a parecerme un hombre muy atractivo, había dejado de tenerle miedo y un sentimiento insólito hacia él estaba naciendo en mí. Era una especie de afinidad; algo físico. Desde luego no me estaba enamorando de él, ¡¡eso era inconcebible!!..- Sacudí la cabeza a un lado y a otro intentando apartar esos pensamientos extraños- ¡Era un vampiro por Jerome, no iba a olvidarme de él por una estúpida atracción física!- ¿Te ocurre algo?, no dejas de observarme...
- ¡oh! –dije muy avergonzada mientras bajaba la cabeza.- No, es nada.
Angelus rió mientras se acercaba a mí. Sujetó mi barbilla con su enorme mano y levantó delicadamente mi cabeza. Evité mirarle a los ojos, esos ojos oscuros que eran capaces de hipnotizarme y hacerme cometer actos muy poco apropiados para una mujer de mi clase.
-Yo sé exactamente lo que te pasa Angela. A veces ocurre en estos casos….no te preocupes, no es culpa tuya, no somos capaces de controlarlo….pero yo estoy aquí para lo que TÚ necesites, no dudes que puedo darte todo lo que quieras….
-No quiero nada de ti Angelus,- dije de forma cortante, y giré la cabeza bruscamente para que me soltara la barbilla - Ya me has ayudado en lo que te pedí y te he pagado por ello, no necesito nada y desde luego no tengo nada más con lo que pagarte.
Angelus sonrió de modo sarcástico.
-Esto si que no me lo esperaba, creo que eres la primera que me ha rechazado.
-Me alegro, al fin soy única en algo -contesté sarcásticamente.
-Desde luego eres muy distinta del resto que conozco, eso es seguro. Tal vez por eso me gustaste cuando te vi y te convertí en lo que eres.
Me levanté del banco y caminé hacia el fondo de la habitación. Estaba claro que Angelus era un hombre capaz de ponerme nerviosa con mucha facilidad así que lo mejor era intentar esquivarle tanto física como emocionalmente.
-¿De que hablas?-dije fríamente- Te pagué por tus “servicios”, y no ha nada más que decir al respecto.
-¿De veras crees eso?, Solo hay dos motivos por los que actualmente un vampiro se toma la molestia de convertir a una persona: el primero es una gran suma de dinero, el segundo una razón más “intima” para hacerlo….Y desde luego en tu bolso no cabían tantas libras como tú pareces creer.
-Tal vez seas tú el cree que eran pocas.-contesté muy indignada- Además; lo de la otra noche…el beso…y todo lo demás…¿era realmente necesario?
Angelus rió con aire de superioridad. Ladeó la cabeza mientras me miraba y se encogió de hombros.
-Digamos que me gusta disfrutar con mi trabajo.
Me enfadé un poco ante tal afirmación. Era cierto, era una muñequita entre sus manos, llevaba jugando conmigo desde la noche en que le conocí y parecía divertirse mucho con ese doble juego. Pero a mi no me gustaba jugar, y no iba a darle nada de lo que él insinuaba. Intenté cambiar de tema.
-¡Ay!- grité sujetándome el estómago- Jamás había tenido tanta hambre….¿por que me siento así?.
- Eso también es normal. La sed de sangre pronto dominará tu vida, debes aprender a controlarla.
Asentí.-¡Ah!, casi me olvido de algo muy importante, necesitas un nombre…humm…eres una chica importante, la hija de un consejero real ni más ni menos….¿que te parece Dama Negra?
-¿Como la reina del ajedrez? Me gusta. Mi padre y yo solíamos jugar a menudo…
La puerta se abrió y William entró con una copa en la mano.
-Buenas noches pequeña dama de la corte, al fin has despertado, me alegro. He supuesto que tendrías sed…. - y me acercó la copa y me la entregó con una divertida reverencia a mitad de camino entre el respeto y la sorna.
Observé su contenido con desagrado, removí la copa mientras miraba como el espeso líquido se pegaba a las paredes del recipiente de cristal.
-¿pero esto es….lo que me imagino?
Ambos asintieron casi al unísono.
Probé un pequeño sorbo, no se me hizo desagradable al paladar. Vacié el resto del contenido de un trago.
- ¿Donde hay más?
Angelus me miró complacido, William rió “ se está despertando tu sed de sangre. La primera vez siempre es la peor, pronto sabrás dominarla”
Habían pasado algunas semanas, algunas cacerías, varias salidas al teatro y alguna fiesta nocturna, claro que, bastante menos encantadoras y con gente de menos calidad a la que yo estaba acostumbrada. Desde luego no podía presentarme en un gran salón tras haberme dado por muerta y atormentar a aquellos que me conocieron en vida. Hubiera sido una locura, lo mejor era esconderse o por lo menos ocultarme a sus ojos, hasta que averiguara donde estaba Jerome y poder ir en su busca.
Una noche de Enero. Caminábamos por la zona de Covent Garden, cerca de la Royal Opera House mientras buscábamos algo que llevarnos a la boca. Yo iba delante con William; tras conocerle un poco era un hombre mucho más interesante…siempre y cuando se olvidara de recitar sus horrendos poemas. Detrás de nosotros iba Angelus con Drusilla y Darla (una de las chicas rubias que estaban en el pub. la noche de mi conversión)
- Oh mirad- dijo Dru.- cuatro victimas calentitas para la hora de la cena.
Y en efecto había cuatro personas a unos 30 metros de nosotros, la noche era fría y llevaban capas pero aún así pude determinar de que se trataban de dos hombres y dos mujeres. La calle estaba desierta a excepción de nuestra “cena” lo cual era una gran suerte. Nos aproximamos a ellos para seguirles más de cerca. Unos metros más adelante William hizo la señal y les rodeamos, yo me quedé a su espalda con Dru y William. Darla y Angelus se pusieron frente a ellos cortándoles el paso. Al principio ellos creyeron que pretendíamos robarles, y desde luego se equivocaban.
Darla fue la primera en atacar, se abalanzó sobre una de las chicas, una muchacha rubia a la cual se le cayó la capa con la fuerza del ataque de la vampiro. Cabello liso, ojos marrones, ¡¡Oh señor se trataba de Claire!!, no tardé más que unos segundos en reaccionar, pero para entonces Angelus ya estaba sobre la otra chica; William y Drusilla forcejeaban con uno de los chicos. Aún quedaba uno libre, mi supuesta víctima pero….yo no podía pensar en nada que no fuera Claire.
Corrí hacia Darla y la sujeté intentando que soltara a mi hermana. Ella estaba enrabietada y me costó mucho apartarla de ella, por suerte aún no había conseguido morderla. Sin pensarlo empujé a Darla y esta cayó rodando por el suelo.
- ¡Corre muchacha! -Dije a Claire- ¡ vete a casa!.
La pobre muy asustada me hizo caso. El único chico que estaba libre empujó a Angelus mientras emprendía su huída, corrió detrás de Claire y le tomó de la mano, ella miró hacia atrás un segundo y luego ambos desaparecieron tras doblar la esquina. “Creo que era James Bradbury, el oficial del ejército” – me dije. Sonreí una décima de segundo y me giré cortándoles el paso a los otros por si pretendían seguirles.
Darla se levantó del suelo con cara de pocos amigos.
- ¿Te has vuelto loca o tan sólo eres estúpida? Esa era mi cena ¿sabes?
- Pues ahora ya no lo es. –contesté desafiante.
-¿Se puede saber que demonios ha pasado aquí?-dijo William soltando al chico al que habían atacado, este estaba aturdido en el suelo, sin duda le habían golpeado en la cabeza.
- Conocía a esa joven, si se te ocurre seguirles tendrás que vértelas conmigo Darla.
-Vaya, la muñequita tiene carácter- me dijo en tono burlón.
- Déjala en paz Darla, hay más gente para atacar- Exclamó Angelus.
-Claro, ¿como no?, Angelus defendiendo a su favorita. – Darla era de lo más sarcástica.
- ¿Pero su favorita no era yo? – Preguntó Drusilla con voz de niña buena.
No dije nada más. Me agaché junto al cuerpo del chico inconsciente, no quería más enfrentamientos en el grupo. Rebusqué en su bolsillo y encontré un espejito de plata. Me miré en él y no encontré mi reflejo, aún así pretendía llevármelo: “Maldito Percy, tu y tú vanidad, no pienso ayudarte, me trae sin cuidado lo que te ocurra esta noche”. Miré a la otra chica, no la conocía más que de vista, me sonaba haberla visto en alguna fiesta pero no era capaz de recordar su nombre, de todos modos parecía que estaba muerta, Angelus ya había sacado de ella todo lo que se podía sacar.
Me levanté ante la mirada asombrada de todos. “Creo que hay demasiadas mujeres aquí” – indiqué y me alejé.
-¡ANGELA! – Gritó Angelus mientras me iba.
- ¿Ya eres el esclavo de la pelirroja?, estará contenta con un escabel tan complaciente y servicial. Seguro que no encontró a un caballero tan atento ni en Buckingham.– las palabras de Darla se clavaron como puñales en Angelus.
- ¡Cállate estúpida, eres puro veneno!
Regresé a “The Lair”, estuve pensando durante mucho tiempo si mi hermana hubiera sido capaz de reconocerme antes de huir junto al Sr. Bradbury. Si eso era cierto mi familia no tardaría en mandar a buscarme por todo Londres, y al final acabarían dando conmigo. Si mi padre se proponía algo estaba claro que lo conseguía.
Cuando Angelus llegó yo estaba apurando una pinta de Guinness negra en la mesa más oscura de todo el pub. Se acercó a mí. “¿puedo sentarme?”. Asentí con la cabeza sin mirarle.
-¿Puedo preguntarte quien era ella?
- Es mi hermana…quiero decir, lo era. Mi única hermana.
-Entiendo, una decisión difícil. Enfrentarte al grupo o perder dolorosamente parte de tu pasado…
- No podía verla morir, si volviera a ocurrir volvería a enfrentarme a quien fuera por salvarla.
- Ya lo he visto, pero debes entender que ya no eres quien eras, ahora eres alguien diferente, ella no es tu hermana aunque lo creas, sólo es una joven cualquiera, una víctima más.
- Para mí no lo es, siempre será mi pequeña Claire. Aunque mi corazón ya no palpite ella está dentro de él. Y mataré a cualquiera que pretenda hacerle daño.- Me acabé la cerveza de un sorbo y golpeé con el vaso en la mesa.- ¿Ha quedado claro?
Él asintió.
- Lo que yo debería hacer es alejarme de aquí, no quiero causaros más problemas.
- ¿Lo dices por Darla?, no te preocupes es que se pone celosa con facilidad…pero es inofensiva con nosotros.
- Eso espero. De todos modos si Claire me ha reconocido no tardarán en empezar a buscarme, corro peligro en Londres. Si al menos tuviera una pista del paradero de Jerome.
- En realidad sí que la tienes….bueno la tengo yo….pero digamos que la he ocultado deliberadamente.
- ¿Qué? Sabes a donde ha ido y no me has dicho nada hasta ahora, ¿Por qué has hecho algo tan mezquino?- Tenía la esperanza de que te olvidaras de él….y así tal vez…..nosotros….
- ¡No hay ningún nosotros Angelus! –dije totalmente fuera de mí.- ¡Estoy harta de tus juegos!.- Lágrimas de rabia comenzaron a asomar en mis ojos sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.- ¿Vas a decirme donde está o disfrutas torturándome?
- Sí, sí, te lo diré – parecía muy avergonzado- Cuando Darla le convirtió dijo que iba a irse a América. Nos habló de ti durante los pocos días que estuvo entre nosotros, nunca nos dijo tu nombre pero parecía muy afectado por tu rechazo. Se sentía despechado y pensó que la mejor manera de olvidarte era alejarse de ti para siempre. Creo que tenía intención de irse a Nueva York.
- Nueva York, América. –Dije limpiándome las lágrimas.- ¿Tan lejos?
- Sí, al menos eso fue lo que él dijo. La última vez que le vimos se dirigía a Portsmouth, para tomar un barco.
- ¡Maldita niñata estúpida! Por que no le dije que sí desde el principio. No seré capaz de encontrarle jamás. – Comencé a llorar de nuevo.
Angelus se levantó de su silla y se sentó junto a mí, en el banco.-Tenía que habértelo dicho mucho antes, has perdido semanas por mi culpa.
- El resto también lo sabía y tampoco dijeron nada.
-Yo les dije que no lo hicieran. Soy un egoísta y un aprovechado, todo lo hice por mi propio beneficio….y de todos modos no he logrado nada.
En ese momento odiaba a Angelus pero de todos modos era el único que había demostrado algo de interés por mí al venir a buscarme. Además no había nadie más allí así que no me quedó otra que abrazarle. Ningún otro iba a venir a consolarme, mejor un traidor arrepentido que aquellos a los que no les importaba lo más mínimo.
-Ya no habrá más juegos, Angela, a partir de ahora voy a ayudarte, yo mismo te acompañaré a Dover. Allí tomarás un barco. Debes que encontrar a Jerome a toda costa, merecéis estar juntos.
Dos días después tomamos el ferrocarril a Canterbury, de allí a Dover era tan sólo una noche en coche de caballos.
“Angelus y Angela, casi parece un trabalenguas, creo que estabais destinados a conoceros”- Dijo William cuando nos despedíamos con una sonrisa en los labios. Drusilla parecía contenta con mi marcha, Darla por el contrario no abrió la boca ni para despedirse, su cara reflejaba sus celos y desde luego yo intenté no provocarla aquella noche. Cogimos el tren nocturno y llegamos a Canterbury a primera hora de la tarde. Por suerte en enero anochece pronto y pudimos salir de la estación de trenes en algo más de tres horas.
El viaje a Dover se me hizo largo, tal vez porque estaba ansiosa por llegar. Aquella noche preguntamos en el puerto y nos dijeron que al día siguiente había un barco a Nueva York. Teníamos suerte, sólo salía uno cada semana. Angelus se empeñó en pagar mi pasaje. De todos modos yo no tenía dinero…. Aquella noche salimos de caza, iba a pasar muchos días encerrada en un barco, recluida en mi camarote durante todo el día, saliendo esporádicamente alguna noche para alimentarme… no podía ser muy codiciosa o sino llegaría a Nueva York un barco fantasma conmigo casi como única tripulante.
Tras un par de víctimas cada uno nos decidimos a despedirnos. Angelus me acompañó a las cercanías del puerto, entraría al barco y me acomodaría para el viaje, ya faltaban pocas horas para que zarpara. Y él tenía que encontrar un lugar en el que guarecerse antes de que despuntara el alba.
- Te echaré de menos Dama negra. –dijo cogiéndome fuertemente las manos.
- No sé si yo puedo decir lo mismo, Angelus…- Me miró preocupado.- Era una broma - exclamé riendo- claro que me entristece irme. Creo que ya he conseguido perdonarte...
- Me alegra escuchar eso.
- Ahora me espera un largo viaje y una búsqueda que no sé cuando tendrá fin. Sólo espero que acabe cuanto antes, y que acabe bien.
- Mucha suerte pequeña.
Le besé en la mejilla, pero él no pareció muy complacido.
-Si esta es la última vez que voy a verte…..-expresó con timidez- Mejor algo más intenso ¿no?
Me dio un beso tan apasionado que me hubiera cortado la respiración de haber tenido. Cuando me soltó le miré aturdida.
- Un par de besos como estos y me quedo en el viejo continente para siempre...- murmuré
Ambos reímos, pero sabíamos de sobra que eso no era posible, teníamos que separarnos.
-Tal vez volvamos a vernos- expresó Angelus al fin.
-¿Por qué no? Dicen que la eternidad es muy larga –contesté con una sonrisa, claro que yo misma dudaba de mis palabras y no confiaba en volver a verle de nuevo.
El viaje se me hizo eterno y tedioso, solía pasarme las noches en cubierta, mirando el oscuro mar como una masa negra cubriéndolo todo. Si lo pensabas llegaba a asustar. Un pequeño barco en medio del inmenso océano… una insignificante mota de polvo en el mundo.
Tres personas sufrieron mi ataque durante la travesía, tuve la decencia de no morder al niño extraviado en cubierta aquella noche de luna nueva…aunque si es verdad, que me costó contenerme.
Un martes por la tarde llegamos al puerto de Nueva York.
Que vacía se encontraba Liberty Island por aquel entonces. Pocos años después los franceses regalarían a la ciudad de Nueva York la maravillosa estatua de la libertad.
Casi tres semanas buscando en los bajos fondos de la Gran ciudad emergente en la que se estaba convirtiendo Nueva York. Pocas pistas y demasiadas dudas aún por resolver. Una noche incluso me vi envuelta en una pelea, por suerte mi fuerza era bastante mayor que la de una mujer normal tras mi conversión, y gracias al cielo también aquella noche lo fue más que la de aquellos dos hombres que osaron atacarme intentando un robo.
Al fin el destino dejado de jugar conmigo y he conseguido descubrir donde suele refugiarse Jerome de la luz del día. Y esa noche mágica ha sido, ESTA NOCHE. Me he dirigido hacia allí lo más deprisa que he podido, unas calles antes de llegar a doblar una esquina he visto a un hombre que era rodeado por otros cinco, le han golpeado y le han arrastrado entre varios de ellos llevándoselo a un coche, los caballos se han puesto en marcha y se han alejado de la calle. Me he llevado las manos a la boca intentando contener un grito de angustia. Ese hombre era mi amado, ERA JEROME SIN LUGAR A DUDAS, pero la pregunta era otra ¿Quiénes son esos hombres y que querían de él?. He cruzado la calle sin dudar, corriendo tras el coche de caballos, no estaba dispuesta a perderle ahora que al fin había conseguido encontrarle... Iban demasiado deprisa, no podía alcanzarles.
¡Oh bendita fortuna! Un par de caballos atados fuera de una taberna, por supuesto he desatado uno y he cabalgado como alma que lleva el diablo tras el carruaje. Han parado. Han bajado a Jerome a rastras por el suelo hasta un edificio cercano, parecía inconsciente. He desmontado y atado al caballo en un poste, quien sabe si podía volver a serme de ayuda. Me he acercado al edificio, La puerta estaba totalmente cerrada.
“Oh señor, necesito un plan o mucha suerte para salir de esta….”-me digo- “No hay tiempo para pensar un plan, tendré que confiar en la suerte por una vez...”
Llamo a la puerta. Solo después de haber vuelto a llamar alguien se acerca y abre.
-Hola –digo tímidamente- ¿podría ayudarme gentil caballero?
-Por supuesto señorita ¿en que puedo servirle?
Le empujo sin miramientos en cuanto se descuida, le echó contra la pared y le abro la cabeza de un golpe contra el suelo.
“Muérete maldito”- le susurro al oído que ya no es capaz de oír nada… Cruzo el oscuro pasillo de la casa, junto a la pared, intentando ocultarme en las sombras. Escucho ruido en la habitación del frente, la puerta está entreabierta. En su interior 3 hombres vestidos de traje, Jerome en el suelo, entre un pequeño charco de sangre espesa, probablemente la suya. Parece que no se mueve. Uno le patea en el estómago, me revuelvo de odio, no puedo aguantar más. Entro como un huracán en la habitación. Para cuando quieren reaccionar ya he matado al más cercano a la puerta, y estoy sujetando a otro por la cabeza, le parto el cuello con un fuerte chasquido que suena como el crugir de una ramita. El tercero me mira horrorizado, suplica por su vida, “piedad”- dice el muy cobarde. Pero mi odio interior no escucha tal petición, en mis labios y en mi cabeza tan solo resuena una palabra: “VENGANZA”.
-¿hay alguien más aquí?
Niega con la cabeza
-por favor dejadme ir señorita.
Sonrío con aire sarcástico.
-¿Acaso quieres dejarme solita en un lugar tan oscuro?
El hombre está llorando de miedo. Mi cara se vuelve aterradora y mis colmillos hacen aparición mordiendo la carne de su cuello. Al poco cae muerto.
Me acerco a Jerome, “no respira”-pienso, al momento me doy cuenta de mi estupidez: “es un vampiro, que no respire es lo normal”. Le sujeto la cabeza, parece que vuelve en sí. Me mira extrañado apenas puede moverse pero cuando me reconoce se recupera un poco y se incorpora.-“¿Angela?, no puedes ser tú debo de estar muerto…
-Lo estas, pero yo también – le sonrío mientras le aparto el cabello oscuro de la cara, tiene un corte en la frente.
- Tú has……tú….tú....¿lo has hecho? - balbucea- Vaya, tres meses alejado del parlamento y ya has perdiendo tu don de palabra, Señor Morrow.
-¿De que sirven las palabras en un momento así?- me dice mientras se abalanza sobre mí y me besa apasionadamente.Cuando nos separamos veo que hay una lágrima en su mejilla, se la limpio con el dorso de la mano.
-¿Quienes son estos hombre y por que te han traído aquí?
-Se hacen llamar “El Consejo”, por lo poco que sé son tan viejos como los vampiros, se dedican a exterminarnos…pretendían sacarme información antes de acabar conmigo.
-En ese caso he llegado justo a tiempo a la fiesta – contesto mientras le ayudo a incorporarse.
Jerome asiente con la cabeza
- Eres mi Ángel de la guarda pequeña. - Me abraza fuertemente como un niño asustado. Le acaricio la cabeza mientras le susurro que todo ha pasado. Me dice que es muy feliz, que me ha echado de menos, que me ama, que se alegra de verme, que esta vez no podrán separarnos.....las palabras salen tan rápido y tan atropelladas que sólo soy capaz de escucharle callada hasta que se calme. Me doy cuenta de que estoy temblando. No sé si por la emoción o porque acabo de ser consciente de que he provocado una masacre para salvarle.
-Perdoname - le pido cabizbaja- debí haber aceptado tu propuesta desde el principio. Me comporté como una estúpida niña asustada.
-El estúpido fui yo, no te he traído más que problemas y dificultades.
-Ahora ya no importa quien ha causado más complicaciones, estamos juntos y eso es lo único importante.-le digo
-Nadie dijo que el amor fuera sencillo. -Contesta mientras me besa en la frente. - Pero....¿Qué vamos a hacer ahora Angela?
- Tenemos toda la eternidad por delante y se me ocurren un par de cosas que aún no hemos probado…..- sonrío alzando una ceja pícaramente.
-¡¡Oh!!..... En ese caso… ¿A que estamos esperando? – Indica mientras me pasa el brazo por la cintura y nos alejamos de la casa llena de cadáveres.
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No he podido resistirme a hacer un fotomontaje:http://www.flickr.com/photos/peregrintuk007/176732450/
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"Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso."
Lord Byron (1788-1824) Poeta británico.
Clic, clic, clic…..gotas de agua cayendo en un recipiente metálico. Escucho voces, animadas conversaciones suenan sobre mi cabeza, en el piso de arriba. Alguien pasa hojas de papel mientras lee. Abro los ojos. Miró a mi alrededor algo desorientada. Angelus deja en la mesa el periódico que tiene en sus manos y me observa. Sonríe de un modo extraño. Estoy tumbada sobre el banco. Me siento distinta, tranquila, en total calma, y por alguna extraña razón fuerte; como si una gran energía me recorriera por dentro. Me incorporo. El cuello me duele un poco, busco la herida que Angelus me hizo al morderme pero para mi asombro no la encuentro, en su lugar noto una cicatriz casi imperceptible el tacto.-¿Qué hora es?
-Faltan pocos minutos para la media noche.- me acerca el periódico abierto por una pagina en concreto -¿Eras una chica popular...no es cierto?
Lo cojo y miro la fecha: 6 de diciembre.-¡Oh señor!, ¿Cuánto tiempo llevó aquí?
-Casi 48 horas, es tu segunda noche, la noche de tu “renacimiento”.
-Todos estarán preocupados por mí…..-digo en voz baja
-Así es, todo Londres se ha hecho eco de la noticia. Lee el periódico.
Comienzo a leer. “…La extraña desaparición de Angela Parker - Green, primogénita de Sir Robert Benjamin Parker, consejero de su majestad la Reina Victoria…. Hoy es el segundo día sin noticias de ella….preocupación por parte de la familia y los allegados….podría tratarse de un secuestro…..la familia no ha querido pronunciarse, tan solo han expresado que albergan esperanza de que la joven se encuentre viva y a salvo por el momento…”
-¡¿Dios mío que he hecho?!. Llevo dos días desparecida, mi padre tiene que estas destrozado y mamá… y Claire…. ¡pobre Claire!–exclamé cerrando el periódico súbitamente.- Ya te dije que no aceptaba reclamaciones así que no me vengas con quejas, preciosa.
-Me temo que ya da igual si me quejo o no, no hay posibilidad de enmendarlo.
Negué con la cabeza mientras pensaba en las consecuencias de todo esto. Me sorprendí mirando a Angelus de un modo extraño, no podía enfadarme con él, no era culpa suya, yo le había pedido que me convirtiera; además por alguna razón incomprensible comenzaba a parecerme un hombre muy atractivo, había dejado de tenerle miedo y un sentimiento insólito hacia él estaba naciendo en mí. Era una especie de afinidad; algo físico. Desde luego no me estaba enamorando de él, ¡¡eso era inconcebible!!..- Sacudí la cabeza a un lado y a otro intentando apartar esos pensamientos extraños- ¡Era un vampiro por Jerome, no iba a olvidarme de él por una estúpida atracción física!- ¿Te ocurre algo?, no dejas de observarme...
- ¡oh! –dije muy avergonzada mientras bajaba la cabeza.- No, es nada.
Angelus rió mientras se acercaba a mí. Sujetó mi barbilla con su enorme mano y levantó delicadamente mi cabeza. Evité mirarle a los ojos, esos ojos oscuros que eran capaces de hipnotizarme y hacerme cometer actos muy poco apropiados para una mujer de mi clase.
-Yo sé exactamente lo que te pasa Angela. A veces ocurre en estos casos….no te preocupes, no es culpa tuya, no somos capaces de controlarlo….pero yo estoy aquí para lo que TÚ necesites, no dudes que puedo darte todo lo que quieras….
-No quiero nada de ti Angelus,- dije de forma cortante, y giré la cabeza bruscamente para que me soltara la barbilla - Ya me has ayudado en lo que te pedí y te he pagado por ello, no necesito nada y desde luego no tengo nada más con lo que pagarte.
Angelus sonrió de modo sarcástico.
-Esto si que no me lo esperaba, creo que eres la primera que me ha rechazado.
-Me alegro, al fin soy única en algo -contesté sarcásticamente.
-Desde luego eres muy distinta del resto que conozco, eso es seguro. Tal vez por eso me gustaste cuando te vi y te convertí en lo que eres.
Me levanté del banco y caminé hacia el fondo de la habitación. Estaba claro que Angelus era un hombre capaz de ponerme nerviosa con mucha facilidad así que lo mejor era intentar esquivarle tanto física como emocionalmente.
-¿De que hablas?-dije fríamente- Te pagué por tus “servicios”, y no ha nada más que decir al respecto.
-¿De veras crees eso?, Solo hay dos motivos por los que actualmente un vampiro se toma la molestia de convertir a una persona: el primero es una gran suma de dinero, el segundo una razón más “intima” para hacerlo….Y desde luego en tu bolso no cabían tantas libras como tú pareces creer.
-Tal vez seas tú el cree que eran pocas.-contesté muy indignada- Además; lo de la otra noche…el beso…y todo lo demás…¿era realmente necesario?
Angelus rió con aire de superioridad. Ladeó la cabeza mientras me miraba y se encogió de hombros.
-Digamos que me gusta disfrutar con mi trabajo.
Me enfadé un poco ante tal afirmación. Era cierto, era una muñequita entre sus manos, llevaba jugando conmigo desde la noche en que le conocí y parecía divertirse mucho con ese doble juego. Pero a mi no me gustaba jugar, y no iba a darle nada de lo que él insinuaba. Intenté cambiar de tema.
-¡Ay!- grité sujetándome el estómago- Jamás había tenido tanta hambre….¿por que me siento así?.
- Eso también es normal. La sed de sangre pronto dominará tu vida, debes aprender a controlarla.
Asentí.-¡Ah!, casi me olvido de algo muy importante, necesitas un nombre…humm…eres una chica importante, la hija de un consejero real ni más ni menos….¿que te parece Dama Negra?
-¿Como la reina del ajedrez? Me gusta. Mi padre y yo solíamos jugar a menudo…
La puerta se abrió y William entró con una copa en la mano.
-Buenas noches pequeña dama de la corte, al fin has despertado, me alegro. He supuesto que tendrías sed…. - y me acercó la copa y me la entregó con una divertida reverencia a mitad de camino entre el respeto y la sorna.
Observé su contenido con desagrado, removí la copa mientras miraba como el espeso líquido se pegaba a las paredes del recipiente de cristal.
-¿pero esto es….lo que me imagino?
Ambos asintieron casi al unísono.
Probé un pequeño sorbo, no se me hizo desagradable al paladar. Vacié el resto del contenido de un trago.
- ¿Donde hay más?
Angelus me miró complacido, William rió “ se está despertando tu sed de sangre. La primera vez siempre es la peor, pronto sabrás dominarla”
Habían pasado algunas semanas, algunas cacerías, varias salidas al teatro y alguna fiesta nocturna, claro que, bastante menos encantadoras y con gente de menos calidad a la que yo estaba acostumbrada. Desde luego no podía presentarme en un gran salón tras haberme dado por muerta y atormentar a aquellos que me conocieron en vida. Hubiera sido una locura, lo mejor era esconderse o por lo menos ocultarme a sus ojos, hasta que averiguara donde estaba Jerome y poder ir en su busca.
Una noche de Enero. Caminábamos por la zona de Covent Garden, cerca de la Royal Opera House mientras buscábamos algo que llevarnos a la boca. Yo iba delante con William; tras conocerle un poco era un hombre mucho más interesante…siempre y cuando se olvidara de recitar sus horrendos poemas. Detrás de nosotros iba Angelus con Drusilla y Darla (una de las chicas rubias que estaban en el pub. la noche de mi conversión)
- Oh mirad- dijo Dru.- cuatro victimas calentitas para la hora de la cena.
Y en efecto había cuatro personas a unos 30 metros de nosotros, la noche era fría y llevaban capas pero aún así pude determinar de que se trataban de dos hombres y dos mujeres. La calle estaba desierta a excepción de nuestra “cena” lo cual era una gran suerte. Nos aproximamos a ellos para seguirles más de cerca. Unos metros más adelante William hizo la señal y les rodeamos, yo me quedé a su espalda con Dru y William. Darla y Angelus se pusieron frente a ellos cortándoles el paso. Al principio ellos creyeron que pretendíamos robarles, y desde luego se equivocaban.
Darla fue la primera en atacar, se abalanzó sobre una de las chicas, una muchacha rubia a la cual se le cayó la capa con la fuerza del ataque de la vampiro. Cabello liso, ojos marrones, ¡¡Oh señor se trataba de Claire!!, no tardé más que unos segundos en reaccionar, pero para entonces Angelus ya estaba sobre la otra chica; William y Drusilla forcejeaban con uno de los chicos. Aún quedaba uno libre, mi supuesta víctima pero….yo no podía pensar en nada que no fuera Claire.
Corrí hacia Darla y la sujeté intentando que soltara a mi hermana. Ella estaba enrabietada y me costó mucho apartarla de ella, por suerte aún no había conseguido morderla. Sin pensarlo empujé a Darla y esta cayó rodando por el suelo.
- ¡Corre muchacha! -Dije a Claire- ¡ vete a casa!.
La pobre muy asustada me hizo caso. El único chico que estaba libre empujó a Angelus mientras emprendía su huída, corrió detrás de Claire y le tomó de la mano, ella miró hacia atrás un segundo y luego ambos desaparecieron tras doblar la esquina. “Creo que era James Bradbury, el oficial del ejército” – me dije. Sonreí una décima de segundo y me giré cortándoles el paso a los otros por si pretendían seguirles.
Darla se levantó del suelo con cara de pocos amigos.
- ¿Te has vuelto loca o tan sólo eres estúpida? Esa era mi cena ¿sabes?
- Pues ahora ya no lo es. –contesté desafiante.
-¿Se puede saber que demonios ha pasado aquí?-dijo William soltando al chico al que habían atacado, este estaba aturdido en el suelo, sin duda le habían golpeado en la cabeza.
- Conocía a esa joven, si se te ocurre seguirles tendrás que vértelas conmigo Darla.
-Vaya, la muñequita tiene carácter- me dijo en tono burlón.
- Déjala en paz Darla, hay más gente para atacar- Exclamó Angelus.
-Claro, ¿como no?, Angelus defendiendo a su favorita. – Darla era de lo más sarcástica.
- ¿Pero su favorita no era yo? – Preguntó Drusilla con voz de niña buena.
No dije nada más. Me agaché junto al cuerpo del chico inconsciente, no quería más enfrentamientos en el grupo. Rebusqué en su bolsillo y encontré un espejito de plata. Me miré en él y no encontré mi reflejo, aún así pretendía llevármelo: “Maldito Percy, tu y tú vanidad, no pienso ayudarte, me trae sin cuidado lo que te ocurra esta noche”. Miré a la otra chica, no la conocía más que de vista, me sonaba haberla visto en alguna fiesta pero no era capaz de recordar su nombre, de todos modos parecía que estaba muerta, Angelus ya había sacado de ella todo lo que se podía sacar.
Me levanté ante la mirada asombrada de todos. “Creo que hay demasiadas mujeres aquí” – indiqué y me alejé.
-¡ANGELA! – Gritó Angelus mientras me iba.
- ¿Ya eres el esclavo de la pelirroja?, estará contenta con un escabel tan complaciente y servicial. Seguro que no encontró a un caballero tan atento ni en Buckingham.– las palabras de Darla se clavaron como puñales en Angelus.
- ¡Cállate estúpida, eres puro veneno!
Regresé a “The Lair”, estuve pensando durante mucho tiempo si mi hermana hubiera sido capaz de reconocerme antes de huir junto al Sr. Bradbury. Si eso era cierto mi familia no tardaría en mandar a buscarme por todo Londres, y al final acabarían dando conmigo. Si mi padre se proponía algo estaba claro que lo conseguía.
Cuando Angelus llegó yo estaba apurando una pinta de Guinness negra en la mesa más oscura de todo el pub. Se acercó a mí. “¿puedo sentarme?”. Asentí con la cabeza sin mirarle.
-¿Puedo preguntarte quien era ella?
- Es mi hermana…quiero decir, lo era. Mi única hermana.
-Entiendo, una decisión difícil. Enfrentarte al grupo o perder dolorosamente parte de tu pasado…
- No podía verla morir, si volviera a ocurrir volvería a enfrentarme a quien fuera por salvarla.
- Ya lo he visto, pero debes entender que ya no eres quien eras, ahora eres alguien diferente, ella no es tu hermana aunque lo creas, sólo es una joven cualquiera, una víctima más.
- Para mí no lo es, siempre será mi pequeña Claire. Aunque mi corazón ya no palpite ella está dentro de él. Y mataré a cualquiera que pretenda hacerle daño.- Me acabé la cerveza de un sorbo y golpeé con el vaso en la mesa.- ¿Ha quedado claro?
Él asintió.
- Lo que yo debería hacer es alejarme de aquí, no quiero causaros más problemas.
- ¿Lo dices por Darla?, no te preocupes es que se pone celosa con facilidad…pero es inofensiva con nosotros.
- Eso espero. De todos modos si Claire me ha reconocido no tardarán en empezar a buscarme, corro peligro en Londres. Si al menos tuviera una pista del paradero de Jerome.
- En realidad sí que la tienes….bueno la tengo yo….pero digamos que la he ocultado deliberadamente.
- ¿Qué? Sabes a donde ha ido y no me has dicho nada hasta ahora, ¿Por qué has hecho algo tan mezquino?- Tenía la esperanza de que te olvidaras de él….y así tal vez…..nosotros….
- ¡No hay ningún nosotros Angelus! –dije totalmente fuera de mí.- ¡Estoy harta de tus juegos!.- Lágrimas de rabia comenzaron a asomar en mis ojos sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.- ¿Vas a decirme donde está o disfrutas torturándome?
- Sí, sí, te lo diré – parecía muy avergonzado- Cuando Darla le convirtió dijo que iba a irse a América. Nos habló de ti durante los pocos días que estuvo entre nosotros, nunca nos dijo tu nombre pero parecía muy afectado por tu rechazo. Se sentía despechado y pensó que la mejor manera de olvidarte era alejarse de ti para siempre. Creo que tenía intención de irse a Nueva York.
- Nueva York, América. –Dije limpiándome las lágrimas.- ¿Tan lejos?
- Sí, al menos eso fue lo que él dijo. La última vez que le vimos se dirigía a Portsmouth, para tomar un barco.
- ¡Maldita niñata estúpida! Por que no le dije que sí desde el principio. No seré capaz de encontrarle jamás. – Comencé a llorar de nuevo.
Angelus se levantó de su silla y se sentó junto a mí, en el banco.-Tenía que habértelo dicho mucho antes, has perdido semanas por mi culpa.
- El resto también lo sabía y tampoco dijeron nada.
-Yo les dije que no lo hicieran. Soy un egoísta y un aprovechado, todo lo hice por mi propio beneficio….y de todos modos no he logrado nada.
En ese momento odiaba a Angelus pero de todos modos era el único que había demostrado algo de interés por mí al venir a buscarme. Además no había nadie más allí así que no me quedó otra que abrazarle. Ningún otro iba a venir a consolarme, mejor un traidor arrepentido que aquellos a los que no les importaba lo más mínimo.
-Ya no habrá más juegos, Angela, a partir de ahora voy a ayudarte, yo mismo te acompañaré a Dover. Allí tomarás un barco. Debes que encontrar a Jerome a toda costa, merecéis estar juntos.
Dos días después tomamos el ferrocarril a Canterbury, de allí a Dover era tan sólo una noche en coche de caballos.
“Angelus y Angela, casi parece un trabalenguas, creo que estabais destinados a conoceros”- Dijo William cuando nos despedíamos con una sonrisa en los labios. Drusilla parecía contenta con mi marcha, Darla por el contrario no abrió la boca ni para despedirse, su cara reflejaba sus celos y desde luego yo intenté no provocarla aquella noche. Cogimos el tren nocturno y llegamos a Canterbury a primera hora de la tarde. Por suerte en enero anochece pronto y pudimos salir de la estación de trenes en algo más de tres horas.
El viaje a Dover se me hizo largo, tal vez porque estaba ansiosa por llegar. Aquella noche preguntamos en el puerto y nos dijeron que al día siguiente había un barco a Nueva York. Teníamos suerte, sólo salía uno cada semana. Angelus se empeñó en pagar mi pasaje. De todos modos yo no tenía dinero…. Aquella noche salimos de caza, iba a pasar muchos días encerrada en un barco, recluida en mi camarote durante todo el día, saliendo esporádicamente alguna noche para alimentarme… no podía ser muy codiciosa o sino llegaría a Nueva York un barco fantasma conmigo casi como única tripulante.
Tras un par de víctimas cada uno nos decidimos a despedirnos. Angelus me acompañó a las cercanías del puerto, entraría al barco y me acomodaría para el viaje, ya faltaban pocas horas para que zarpara. Y él tenía que encontrar un lugar en el que guarecerse antes de que despuntara el alba.
- Te echaré de menos Dama negra. –dijo cogiéndome fuertemente las manos.
- No sé si yo puedo decir lo mismo, Angelus…- Me miró preocupado.- Era una broma - exclamé riendo- claro que me entristece irme. Creo que ya he conseguido perdonarte...
- Me alegra escuchar eso.
- Ahora me espera un largo viaje y una búsqueda que no sé cuando tendrá fin. Sólo espero que acabe cuanto antes, y que acabe bien.
- Mucha suerte pequeña.
Le besé en la mejilla, pero él no pareció muy complacido.
-Si esta es la última vez que voy a verte…..-expresó con timidez- Mejor algo más intenso ¿no?
Me dio un beso tan apasionado que me hubiera cortado la respiración de haber tenido. Cuando me soltó le miré aturdida.
- Un par de besos como estos y me quedo en el viejo continente para siempre...- murmuré
Ambos reímos, pero sabíamos de sobra que eso no era posible, teníamos que separarnos.
-Tal vez volvamos a vernos- expresó Angelus al fin.
-¿Por qué no? Dicen que la eternidad es muy larga –contesté con una sonrisa, claro que yo misma dudaba de mis palabras y no confiaba en volver a verle de nuevo.
El viaje se me hizo eterno y tedioso, solía pasarme las noches en cubierta, mirando el oscuro mar como una masa negra cubriéndolo todo. Si lo pensabas llegaba a asustar. Un pequeño barco en medio del inmenso océano… una insignificante mota de polvo en el mundo.
Tres personas sufrieron mi ataque durante la travesía, tuve la decencia de no morder al niño extraviado en cubierta aquella noche de luna nueva…aunque si es verdad, que me costó contenerme.
Un martes por la tarde llegamos al puerto de Nueva York.
Que vacía se encontraba Liberty Island por aquel entonces. Pocos años después los franceses regalarían a la ciudad de Nueva York la maravillosa estatua de la libertad.
Casi tres semanas buscando en los bajos fondos de la Gran ciudad emergente en la que se estaba convirtiendo Nueva York. Pocas pistas y demasiadas dudas aún por resolver. Una noche incluso me vi envuelta en una pelea, por suerte mi fuerza era bastante mayor que la de una mujer normal tras mi conversión, y gracias al cielo también aquella noche lo fue más que la de aquellos dos hombres que osaron atacarme intentando un robo.
Al fin el destino dejado de jugar conmigo y he conseguido descubrir donde suele refugiarse Jerome de la luz del día. Y esa noche mágica ha sido, ESTA NOCHE. Me he dirigido hacia allí lo más deprisa que he podido, unas calles antes de llegar a doblar una esquina he visto a un hombre que era rodeado por otros cinco, le han golpeado y le han arrastrado entre varios de ellos llevándoselo a un coche, los caballos se han puesto en marcha y se han alejado de la calle. Me he llevado las manos a la boca intentando contener un grito de angustia. Ese hombre era mi amado, ERA JEROME SIN LUGAR A DUDAS, pero la pregunta era otra ¿Quiénes son esos hombres y que querían de él?. He cruzado la calle sin dudar, corriendo tras el coche de caballos, no estaba dispuesta a perderle ahora que al fin había conseguido encontrarle... Iban demasiado deprisa, no podía alcanzarles.
¡Oh bendita fortuna! Un par de caballos atados fuera de una taberna, por supuesto he desatado uno y he cabalgado como alma que lleva el diablo tras el carruaje. Han parado. Han bajado a Jerome a rastras por el suelo hasta un edificio cercano, parecía inconsciente. He desmontado y atado al caballo en un poste, quien sabe si podía volver a serme de ayuda. Me he acercado al edificio, La puerta estaba totalmente cerrada.
“Oh señor, necesito un plan o mucha suerte para salir de esta….”-me digo- “No hay tiempo para pensar un plan, tendré que confiar en la suerte por una vez...”
Llamo a la puerta. Solo después de haber vuelto a llamar alguien se acerca y abre.
-Hola –digo tímidamente- ¿podría ayudarme gentil caballero?
-Por supuesto señorita ¿en que puedo servirle?
Le empujo sin miramientos en cuanto se descuida, le echó contra la pared y le abro la cabeza de un golpe contra el suelo.
“Muérete maldito”- le susurro al oído que ya no es capaz de oír nada… Cruzo el oscuro pasillo de la casa, junto a la pared, intentando ocultarme en las sombras. Escucho ruido en la habitación del frente, la puerta está entreabierta. En su interior 3 hombres vestidos de traje, Jerome en el suelo, entre un pequeño charco de sangre espesa, probablemente la suya. Parece que no se mueve. Uno le patea en el estómago, me revuelvo de odio, no puedo aguantar más. Entro como un huracán en la habitación. Para cuando quieren reaccionar ya he matado al más cercano a la puerta, y estoy sujetando a otro por la cabeza, le parto el cuello con un fuerte chasquido que suena como el crugir de una ramita. El tercero me mira horrorizado, suplica por su vida, “piedad”- dice el muy cobarde. Pero mi odio interior no escucha tal petición, en mis labios y en mi cabeza tan solo resuena una palabra: “VENGANZA”.
-¿hay alguien más aquí?
Niega con la cabeza
-por favor dejadme ir señorita.
Sonrío con aire sarcástico.
-¿Acaso quieres dejarme solita en un lugar tan oscuro?
El hombre está llorando de miedo. Mi cara se vuelve aterradora y mis colmillos hacen aparición mordiendo la carne de su cuello. Al poco cae muerto.
Me acerco a Jerome, “no respira”-pienso, al momento me doy cuenta de mi estupidez: “es un vampiro, que no respire es lo normal”. Le sujeto la cabeza, parece que vuelve en sí. Me mira extrañado apenas puede moverse pero cuando me reconoce se recupera un poco y se incorpora.-“¿Angela?, no puedes ser tú debo de estar muerto…
-Lo estas, pero yo también – le sonrío mientras le aparto el cabello oscuro de la cara, tiene un corte en la frente.
- Tú has……tú….tú....¿lo has hecho? - balbucea- Vaya, tres meses alejado del parlamento y ya has perdiendo tu don de palabra, Señor Morrow.
-¿De que sirven las palabras en un momento así?- me dice mientras se abalanza sobre mí y me besa apasionadamente.Cuando nos separamos veo que hay una lágrima en su mejilla, se la limpio con el dorso de la mano.
-¿Quienes son estos hombre y por que te han traído aquí?
-Se hacen llamar “El Consejo”, por lo poco que sé son tan viejos como los vampiros, se dedican a exterminarnos…pretendían sacarme información antes de acabar conmigo.
-En ese caso he llegado justo a tiempo a la fiesta – contesto mientras le ayudo a incorporarse.
Jerome asiente con la cabeza
- Eres mi Ángel de la guarda pequeña. - Me abraza fuertemente como un niño asustado. Le acaricio la cabeza mientras le susurro que todo ha pasado. Me dice que es muy feliz, que me ha echado de menos, que me ama, que se alegra de verme, que esta vez no podrán separarnos.....las palabras salen tan rápido y tan atropelladas que sólo soy capaz de escucharle callada hasta que se calme. Me doy cuenta de que estoy temblando. No sé si por la emoción o porque acabo de ser consciente de que he provocado una masacre para salvarle.
-Perdoname - le pido cabizbaja- debí haber aceptado tu propuesta desde el principio. Me comporté como una estúpida niña asustada.
-El estúpido fui yo, no te he traído más que problemas y dificultades.
-Ahora ya no importa quien ha causado más complicaciones, estamos juntos y eso es lo único importante.-le digo
-Nadie dijo que el amor fuera sencillo. -Contesta mientras me besa en la frente. - Pero....¿Qué vamos a hacer ahora Angela?
- Tenemos toda la eternidad por delante y se me ocurren un par de cosas que aún no hemos probado…..- sonrío alzando una ceja pícaramente.
-¡¡Oh!!..... En ese caso… ¿A que estamos esperando? – Indica mientras me pasa el brazo por la cintura y nos alejamos de la casa llena de cadáveres.
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No he podido resistirme a hacer un fotomontaje:http://www.flickr.com/photos/peregrintuk007/176732450/
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"Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso."
Lord Byron (1788-1824) Poeta británico.
jueves, junio 08, 2006
Angela III: Decisiones precipitadas
Aviso a los navegantes, este post es larguísimos y esta historia no tiene pinta de acabarse nunca, creo q me está poseyendo y apropiandose de mi manos y del teclado del ordenador....Esta ida de olla me está sobrepasando.
“¿Podemos hablar Angela?” dijo mi madre asomándose por la puerta de mi habitación. Asentí sin mirarle, y giré la cabeza hacia la ventana mientras guardaba rapidamente la carta que Jerome me había escrito cuando nos encontramos en el café. Mamá llevaba días insinuándome que olvidará a Jerome sin éxito, aún así, seguía insistiendo una y otra vez, parecía no cansarse de aparecer a hurtadillas junto a mí en mi habitación, a solas en alguno de los salones, en el jardín mientras recogía flores despreocupadamente para hacer un ramillete, incluso vino con Claire y conmigo a Hyde Park a pasear una tarde mientras lanzaba frases que mi hermana no parecía comprender y yo entendía perfectamente….
-Sé exactamente como te sientes… A todas nos ha pasado alguna vez, pero….hay que saber sobreponerse.
- No sé a que os referís - dije haciéndome la tonta, no me apetecía hablar del tema.
- No lo ocultes, puedes engañar a tu padre, incluso a tu hermana pero yo te conozco mejor de lo que crees. Angela cariño, el amor es una cosa de necios, tu tienes hombres mejores que conquistar, si quieres un marido te casaremos, pero que sea alguien de buena clase, con tierras, o con una buena renta, puede que las dos cosas, tu vales más de lo que crees.
-Madre – contesté muy enfadada- lo último que deseo en este momento es casarme. Por favor no me torturéis más. Desearía estar sola…- Angela, un clavo saca otro clavo. Eso lo sabe todo el mundo.
- No estoy de acuerdo. Si pretendéis buscar marido hacedlo para alguien que tenga deseos de casarse, perdéis el tiempo siendo mi alcahueta…
- ¿Acaso crees que ya nací siendo vieja?, una vez fui joven y también sentí el amor; pero supe aceptar la voluntad de mis padres y escoger lo que me convenía en favor de lo que me apetecía. El amor dura un suspiro pero una buena renta bien administrada dura toda la vida. Además después del tiempo aprenderías a apreciar a tu esposo.
-Eso que decís es horrible. A amar no se aprende madre, se siente. ¿Acaso crees que el amor es como bordar? – Dije desconcertada, no había escuchado hablar así a mamá jamás.- No pienso casarme. No hay nadie para mí en Londres.
-En eso tienes razón…. Aunque ojala te hubieras dado cuenta por ti misma, sin necesidad de llegar a esto…
- ¿De que habláis madre? ¿Qué ha ocurrido?
- Dios sabe que he intentado hacerte cambiar de idea, pero por desgracia eres tan testaruda como tu padre. Quise suavizar el golpe pero….tu no quieres. ¿Por qué eres tan obstinada? Eso no te traerá nada bueno en el futuro.
- No os entiendo y me estáis poniendo nerviosa. ¿Qué ha ocurrido?
Mamá rebuscó en el bolsillo de su delantal de fino hilo blanco. “Toma” – dijo alargando el brazo con un trozo de papel doblado- “es de hace 5 dias”. Lo recorté antes de que lo vieras.
Abrí el fragmento de periódico: “El político J.E. Morrow desaparecido…. Jerome Eugene Morrow político y escritor autor del libro "Sociedad Inglesa Actual" desapareció del domicilio familiar de los Morrow hace dos noches…. se desconoce su paradero, la policía investiga el caso y aún no se han encontrado pistas sobre los hechos de la noche de su misteriosa desaparición…”
- ¡Imposible! – exclamé. – No puede haberle ocurrido nada… ¡¡no puede ser!!
- Lo siento mucho cariño, pero algo le ha ocurrido ¿tu sabes donde puede hallarse?
- Nooo. Por supuesto que no – Dije mintiendo descaradamente. Tenía una pista, lo único a lo que aferrarme y era preferible asegurarse antes de nada.
Los días transcurrieron horriblemente largos, llena de dudas y de intranquilidad. Cada mañana corría a la puerta a primera hora para recoger el periódico - a veces llegaba antes que el ama de llaves- y buscar entres sus hojas respuestas a mi incertidumbre….por desgracia no las hallaba. Las noches eran una pesadilla continua, sin apenas pegar ojo. Por momentos creí que la locura me invadía y antes de perder la razón por completo me obligué a cometer la mayor demencia de todas.
Aquella noche me bajé del carruaje no muy lejos de Covent Garden y pagué apresuradamente al cochero, el cual abandonó el lugar con mucha rapidez y casi sin despedirse.
Me adentré en las callejuelas, tenía un nombre y un lugar pero no sabía exactamente donde hallar ninguna de las dos cosas. Tras vagar durante largos minutos encontré la taberna. Encima de la puerta colgaba un viejo y descolorido cartel en el que rezaba el nombre "The Lair" (la guarida). No había duda, tenía que ser allí. Entré, todo estaba bastante oscuro. Tan sólo unas pocas velas iluminaban el lugar. Miré a mi alrededor buscando al hombre del que Jerome me había hablado "Angelus". Me acerqué a una mesa, las voces de sus ocupantes cesaron a medida que me acercaba. Uno de los hombres de la mesa me señaló hacia un lugar al fondo del local. Luego cogió su copa y vació su rojo contenido de un trago, parecía demasiado espeso para ser sólo vino tinto.... Varias personas me siguieron con la mirada a medida que avanzaba, estaba asustada y comenzaba a ponerme enferma ese extraño lugar.
Sentados en la mesa del fondo había cinco personas: tres mujeres y dos hombres. Ellas tenían el pelo largo y ricos vestidos. Una de ellas apenas era mayor que mi hermana; era morena y llevaba una muñeca de porcelana entre sus brazos. Las otras dos mujeres eran rubias y algo más mayores que esta. En cuanto a los hombres uno era castaño, de expresión fría en el rostro y con el pelo liso, largo hasta los hombros, el otro por el contrario tenía el cabello más corto, rubio y algo rizado, su semblante era bastante más risueño, o al menos eso parecía a simple vista. Este último había estado recitando una horrible poesía hasta el mismo instante en que me presenté frente a ellos. Desde luego era un mal poeta, y si todo salía como yo esperaba tras esa noche probablemente acabaría descubriendo en que otras cosas era aún peor.
-Busco a "Angelus"-dije con voz temblorosa.
-¿Y quien le busca? -contestó divertido el muchacho rubio.
-Me llamo Angela, y.... alguien me dijo que tal vez él podría ayudarme. ¿eres tú?
-¿Ayudarte?-dijo la más joven con desdén- Creo que te han informado mal...muy mal - y se levantó rápidamente dispuesta a atacarme. El hombre moreno le sujetó por uno de los brazos con fuerza.
-Drusila, ¿cuantas veces tengo que repetirte lo de no "comerte" a mis clientes?
La chica miró con odio la cruz que yo llevaba al cuello y luego se sentó, o más bien se lanzó contra el asiento enfadada.
-Y bien -dijo el hombre más amablemente - ¿en que puedo servir a la señorita?
-¿Tú eres Angelus entonces? - El asintió con la cabeza - Tengo la sospecha de que un hombre vino aquí hace algunas semanas, y tal vez alguno de vosotros.....le convirtió. Necesito que hagas lo mismo conmigo, ¿podrías hacer eso o no es posible?
-Por un módico precio, todo es posible preciosa....veamos....tu te refieres a un hombre moreno, alto, vestido como un pimpollo de alto cargo, de aire un poco ausente, taciturno tal vez....¿no es eso?
Asentí, sin duda ese tenía que ser mi Jerome.
- ¡Oh!, ¿no me digas que vas a convertir a esta muñequita? -dijo Drusila enfadada mientras zarandeaba su muñeca enérgicamente.
Angelus la miró con fastidio, con esa expresión de un padre hacia una hija caprichosa.
-Dru -llamó el chico rubio - "No sólo de sangre vive el vampiro" - dijo con pose interesante- a veces necesitamos dinero. ¿Como te crees que te conseguí ese caro juguete?
-Se lo robaste a aquella niña que mataste cerca de Picadilly -dijo una de las mujeres rubias.- Eres un mentiroso William.
- ¡¡Touche!!, has acertado en ambas afirmaciones.- rió sarcásticamente añadió:
"Niños perdidos
sangre fresca
un buen mordisco
la mejor fiesta"
¡¡Estaba claro que era un poeta horrible!!. Las tres mujeres rieron con fuerza la ocurrencia de William.
-Y bien, Srta. Angela, ¿A cuanto asciende el precio que te merece mi ayuda?
-Todo lo que he traído es esto - dije poniendo sobre la mesa una bolsita llena de libras que llevaba en el bolso.
Angelus sonrió fríamente. "Creo que con eso bastará, aún no he establecido tarifas fijas...jejeje". Recogí la bolsa y procedí a guardarla de nuevo. El se levantó y pude comprobar que era muy alto, puede que incluso más que Jerome y desde luego era algo más corpulento, muy fuerte, en eso no había duda. Se acercó a mí y el tenerle tan cerca me asustó. Su aspecto era bastante amenazador aún cuando su rostro no reflejaba expresión ninguna.
-Acompáñame pequeña -me dijo con el tono más amable que fue capaz de pronunciar.
Yo no me moví de mi sitio, estaba aterrada, desconcertada, totalmente fuera de lugar, me sentía como si me hubiera presentado en el baile del cumpleaños de la Reina vestida en camisón. El hecho de acompañar a solas a un hombre tan fuerte no me agradaba, me sentía intimidada por él. Por un momento pensé que no podría ocurrirme nada en un lugar lleno de gente, luego llegué a la conclusión de que allí dentro eran todos como él. De hecho yo debía de ser la única diferente al resto. Lo que a mi me pasara a nadie le importaba en ese lugar.
-¿Vas a cumplir tu promesa o pretendes engañarme? – las palabras me salieron por si solas, desde luego era un pregunta tonta, si no iba a ayudarme realmente jamás me lo hubiera dicho a la cara.
Me miró con suficiencia: “Que sea un vampiro no quiere decir que no tenga palabra”
Por alguna razón le creí.
Le acompañé hasta una destartalada puerta al otro lado de la taberna, bajamos unas escaleras llevando un candelabro como única luz. El lugar parecía un almacén o algo parecido, había una mesa cubierta de polvo y cajas de licores apiladas junto a una pared. Angelus abrió una puerta y entramos. Dentro el panorama era bastante más sórdido. Una mesita, dos o tres sillas repartidas por la habitación y una lámpara de aceite que Angelus procedió a prender. Con algo más de luz mis ojos pudieron ver mejor la poco agraciada “decoración”. Había manchas de humedad en las paredes y en el centro de la estancia una especie de aparato a medio camino entre un banco y una mesa de tortura lo reinaba todo, las correas y cadenas que estaban unidas a ella por aros metálicos estaban caídas de manera que rozaban el suelo.
-Hace frío –acerté a decir-Tranquila, pronto ya no sentirás nada.
-¿Eso quiere decir que vas a matarme?
Angelus cerró la puerta con un herrumbroso pestillo que chirrió estridentemente mientras era movido. Luego se giró hacia mí.
-Preciosa ¿acaso crees que mi corazón late? ¿O que estoy respirando este aire cargado de humedad? Tienes que estar muerta para que esto funcione. Esa es la idea. Yo estoy muerto, y todos los estaban arriban también lo están. No obstante te puedo asegurar que jamás ninguno de nosotros se sintió tan vivo.
Le miré asustada - ¿Sería demasiado tarde para echarme atrás?, nadie me había explicado nada de lo que se supone que tenía que hacerme. ¿¿Muertos vivientes??, como podía darse tal aberración, todo aquello en lo que había creído siempre se desmoronó ante tales afirmaciones.
Angelus dejó el candelabro sobre una de las sillas y dio un paso hacia mí. Comencé a ponerme más nerviosa si cabe. Temblaba, más por el miedo que por el frío.
-Relájate pequeña señorita, ¿estas segura de que quieres hacer esto?, después ya no hay vuelta atrás –me miró fijamente.
Respiré hondo, cerré los ojos y pensé en que Jerome estaba perdido por el mundo, desaparecido y sobretodo…..totalmente solo. Yo le había negado mi compañía y ahora mi misión era buscarle y enmendar este error, por fin llegué a la clara convicción de que debía haberle dicho que sí desde el principio. Si nuestro destino era estar juntos ¿Qué más daba en una vida que en la otra?
-Estoy preparada. –dije con mucha convicción.
Angelus se acercó a mí con paso firme. Me cogió suavemente por la cintura, mi bolso se desprendió de mi mano y cayó con un golpe seco sobre el suelo. Me sentía hipnotizada, apenas podía moverme, era como si mi voluntad perteneciera por completo a Angelus. Después me besó, con dulzura al principio, luego se tornó en un beso mucho más intenso, podría incluso decir que violento. No podía pensar con claridad y mucho menos apartarle de mí. Aquello era como un baile del que no conocía los pasos….por suerte o por desgracia Angelus los conocía a la perfección.
Mis manos recorrieron su espalda. Me sentía como un pelele entre sus brazos. No podía parar, no podía detenerle o más bien no quería que se detuviera. Aquello estaba mal pero….comenzaba a ser una de esas cosas de las que es preferible arrepentirse por haberlas hecho que por haberlas dejado pasar. Desabrochó mi capa y esta cayó pesadamente al suelo. Me empujó contra la mesa, apartó el cabello que cubría mis hombros y acarició mi cuello con sus manos. Cuando abrí los ojos su cara se había tornado monstruosa, animal, sus ojos reflejaban un brillo felino. Quise gritar pero no pude, tan sólo me quedé quieta como una estatua, totalmente paralizada por el miedo y por una extraña fuerza que Angelus ejercía sobre mí con sólo mirarme, aún hoy no he encontrado respuesta a esa “magia”.
Sus labios se posaron sobre mi cuello, me estremecí, su piel estaba fría al contacto con la mía. Me mordió, el dolor me sacó de mi estado aletargado, reaccioné, intenté apartarlo de mí pero él era mucho más fuerte. Sujetó mis muñecas con sus manos. Continué forcejeando unos segundos pero pronto las fuerzas me abandonaron. Me sentí mareada, estaba a punto de desmayarme. De pronto Angelus paró. Me apoyó contra el extraño banco y me aferré a una anilla de metal con las manos para no caerme. El abrió su camisa, vi como sacaba un pequeño puñal del bolsillo de su levita y se hacía un profundo corte en el pecho del cual comenzó a manar una sangre oscura y espesa.
“Ahora Bebe de mí y vivirás eternamente”
Le obedecí, bebí y noté como su emponzoñada sangre me invadía todo el cuerpo. “Te condeno a la muerte en vida, al hambre eterna que jamás será saciada”, me susurró.
Luego me desplomé entre sus brazos.
“¿Podemos hablar Angela?” dijo mi madre asomándose por la puerta de mi habitación. Asentí sin mirarle, y giré la cabeza hacia la ventana mientras guardaba rapidamente la carta que Jerome me había escrito cuando nos encontramos en el café. Mamá llevaba días insinuándome que olvidará a Jerome sin éxito, aún así, seguía insistiendo una y otra vez, parecía no cansarse de aparecer a hurtadillas junto a mí en mi habitación, a solas en alguno de los salones, en el jardín mientras recogía flores despreocupadamente para hacer un ramillete, incluso vino con Claire y conmigo a Hyde Park a pasear una tarde mientras lanzaba frases que mi hermana no parecía comprender y yo entendía perfectamente….
-Sé exactamente como te sientes… A todas nos ha pasado alguna vez, pero….hay que saber sobreponerse.
- No sé a que os referís - dije haciéndome la tonta, no me apetecía hablar del tema.
- No lo ocultes, puedes engañar a tu padre, incluso a tu hermana pero yo te conozco mejor de lo que crees. Angela cariño, el amor es una cosa de necios, tu tienes hombres mejores que conquistar, si quieres un marido te casaremos, pero que sea alguien de buena clase, con tierras, o con una buena renta, puede que las dos cosas, tu vales más de lo que crees.
-Madre – contesté muy enfadada- lo último que deseo en este momento es casarme. Por favor no me torturéis más. Desearía estar sola…- Angela, un clavo saca otro clavo. Eso lo sabe todo el mundo.
- No estoy de acuerdo. Si pretendéis buscar marido hacedlo para alguien que tenga deseos de casarse, perdéis el tiempo siendo mi alcahueta…
- ¿Acaso crees que ya nací siendo vieja?, una vez fui joven y también sentí el amor; pero supe aceptar la voluntad de mis padres y escoger lo que me convenía en favor de lo que me apetecía. El amor dura un suspiro pero una buena renta bien administrada dura toda la vida. Además después del tiempo aprenderías a apreciar a tu esposo.
-Eso que decís es horrible. A amar no se aprende madre, se siente. ¿Acaso crees que el amor es como bordar? – Dije desconcertada, no había escuchado hablar así a mamá jamás.- No pienso casarme. No hay nadie para mí en Londres.
-En eso tienes razón…. Aunque ojala te hubieras dado cuenta por ti misma, sin necesidad de llegar a esto…
- ¿De que habláis madre? ¿Qué ha ocurrido?
- Dios sabe que he intentado hacerte cambiar de idea, pero por desgracia eres tan testaruda como tu padre. Quise suavizar el golpe pero….tu no quieres. ¿Por qué eres tan obstinada? Eso no te traerá nada bueno en el futuro.
- No os entiendo y me estáis poniendo nerviosa. ¿Qué ha ocurrido?
Mamá rebuscó en el bolsillo de su delantal de fino hilo blanco. “Toma” – dijo alargando el brazo con un trozo de papel doblado- “es de hace 5 dias”. Lo recorté antes de que lo vieras.
Abrí el fragmento de periódico: “El político J.E. Morrow desaparecido…. Jerome Eugene Morrow político y escritor autor del libro "Sociedad Inglesa Actual" desapareció del domicilio familiar de los Morrow hace dos noches…. se desconoce su paradero, la policía investiga el caso y aún no se han encontrado pistas sobre los hechos de la noche de su misteriosa desaparición…”
- ¡Imposible! – exclamé. – No puede haberle ocurrido nada… ¡¡no puede ser!!
- Lo siento mucho cariño, pero algo le ha ocurrido ¿tu sabes donde puede hallarse?
- Nooo. Por supuesto que no – Dije mintiendo descaradamente. Tenía una pista, lo único a lo que aferrarme y era preferible asegurarse antes de nada.
Los días transcurrieron horriblemente largos, llena de dudas y de intranquilidad. Cada mañana corría a la puerta a primera hora para recoger el periódico - a veces llegaba antes que el ama de llaves- y buscar entres sus hojas respuestas a mi incertidumbre….por desgracia no las hallaba. Las noches eran una pesadilla continua, sin apenas pegar ojo. Por momentos creí que la locura me invadía y antes de perder la razón por completo me obligué a cometer la mayor demencia de todas.
Aquella noche me bajé del carruaje no muy lejos de Covent Garden y pagué apresuradamente al cochero, el cual abandonó el lugar con mucha rapidez y casi sin despedirse.
Me adentré en las callejuelas, tenía un nombre y un lugar pero no sabía exactamente donde hallar ninguna de las dos cosas. Tras vagar durante largos minutos encontré la taberna. Encima de la puerta colgaba un viejo y descolorido cartel en el que rezaba el nombre "The Lair" (la guarida). No había duda, tenía que ser allí. Entré, todo estaba bastante oscuro. Tan sólo unas pocas velas iluminaban el lugar. Miré a mi alrededor buscando al hombre del que Jerome me había hablado "Angelus". Me acerqué a una mesa, las voces de sus ocupantes cesaron a medida que me acercaba. Uno de los hombres de la mesa me señaló hacia un lugar al fondo del local. Luego cogió su copa y vació su rojo contenido de un trago, parecía demasiado espeso para ser sólo vino tinto.... Varias personas me siguieron con la mirada a medida que avanzaba, estaba asustada y comenzaba a ponerme enferma ese extraño lugar.
Sentados en la mesa del fondo había cinco personas: tres mujeres y dos hombres. Ellas tenían el pelo largo y ricos vestidos. Una de ellas apenas era mayor que mi hermana; era morena y llevaba una muñeca de porcelana entre sus brazos. Las otras dos mujeres eran rubias y algo más mayores que esta. En cuanto a los hombres uno era castaño, de expresión fría en el rostro y con el pelo liso, largo hasta los hombros, el otro por el contrario tenía el cabello más corto, rubio y algo rizado, su semblante era bastante más risueño, o al menos eso parecía a simple vista. Este último había estado recitando una horrible poesía hasta el mismo instante en que me presenté frente a ellos. Desde luego era un mal poeta, y si todo salía como yo esperaba tras esa noche probablemente acabaría descubriendo en que otras cosas era aún peor.
-Busco a "Angelus"-dije con voz temblorosa.
-¿Y quien le busca? -contestó divertido el muchacho rubio.
-Me llamo Angela, y.... alguien me dijo que tal vez él podría ayudarme. ¿eres tú?
-¿Ayudarte?-dijo la más joven con desdén- Creo que te han informado mal...muy mal - y se levantó rápidamente dispuesta a atacarme. El hombre moreno le sujetó por uno de los brazos con fuerza.
-Drusila, ¿cuantas veces tengo que repetirte lo de no "comerte" a mis clientes?
La chica miró con odio la cruz que yo llevaba al cuello y luego se sentó, o más bien se lanzó contra el asiento enfadada.
-Y bien -dijo el hombre más amablemente - ¿en que puedo servir a la señorita?
-¿Tú eres Angelus entonces? - El asintió con la cabeza - Tengo la sospecha de que un hombre vino aquí hace algunas semanas, y tal vez alguno de vosotros.....le convirtió. Necesito que hagas lo mismo conmigo, ¿podrías hacer eso o no es posible?
-Por un módico precio, todo es posible preciosa....veamos....tu te refieres a un hombre moreno, alto, vestido como un pimpollo de alto cargo, de aire un poco ausente, taciturno tal vez....¿no es eso?
Asentí, sin duda ese tenía que ser mi Jerome.
- ¡Oh!, ¿no me digas que vas a convertir a esta muñequita? -dijo Drusila enfadada mientras zarandeaba su muñeca enérgicamente.
Angelus la miró con fastidio, con esa expresión de un padre hacia una hija caprichosa.
-Dru -llamó el chico rubio - "No sólo de sangre vive el vampiro" - dijo con pose interesante- a veces necesitamos dinero. ¿Como te crees que te conseguí ese caro juguete?
-Se lo robaste a aquella niña que mataste cerca de Picadilly -dijo una de las mujeres rubias.- Eres un mentiroso William.
- ¡¡Touche!!, has acertado en ambas afirmaciones.- rió sarcásticamente añadió:
"Niños perdidos
sangre fresca
un buen mordisco
la mejor fiesta"
¡¡Estaba claro que era un poeta horrible!!. Las tres mujeres rieron con fuerza la ocurrencia de William.
-Y bien, Srta. Angela, ¿A cuanto asciende el precio que te merece mi ayuda?
-Todo lo que he traído es esto - dije poniendo sobre la mesa una bolsita llena de libras que llevaba en el bolso.
Angelus sonrió fríamente. "Creo que con eso bastará, aún no he establecido tarifas fijas...jejeje". Recogí la bolsa y procedí a guardarla de nuevo. El se levantó y pude comprobar que era muy alto, puede que incluso más que Jerome y desde luego era algo más corpulento, muy fuerte, en eso no había duda. Se acercó a mí y el tenerle tan cerca me asustó. Su aspecto era bastante amenazador aún cuando su rostro no reflejaba expresión ninguna.
-Acompáñame pequeña -me dijo con el tono más amable que fue capaz de pronunciar.
Yo no me moví de mi sitio, estaba aterrada, desconcertada, totalmente fuera de lugar, me sentía como si me hubiera presentado en el baile del cumpleaños de la Reina vestida en camisón. El hecho de acompañar a solas a un hombre tan fuerte no me agradaba, me sentía intimidada por él. Por un momento pensé que no podría ocurrirme nada en un lugar lleno de gente, luego llegué a la conclusión de que allí dentro eran todos como él. De hecho yo debía de ser la única diferente al resto. Lo que a mi me pasara a nadie le importaba en ese lugar.
-¿Vas a cumplir tu promesa o pretendes engañarme? – las palabras me salieron por si solas, desde luego era un pregunta tonta, si no iba a ayudarme realmente jamás me lo hubiera dicho a la cara.
Me miró con suficiencia: “Que sea un vampiro no quiere decir que no tenga palabra”
Por alguna razón le creí.
Le acompañé hasta una destartalada puerta al otro lado de la taberna, bajamos unas escaleras llevando un candelabro como única luz. El lugar parecía un almacén o algo parecido, había una mesa cubierta de polvo y cajas de licores apiladas junto a una pared. Angelus abrió una puerta y entramos. Dentro el panorama era bastante más sórdido. Una mesita, dos o tres sillas repartidas por la habitación y una lámpara de aceite que Angelus procedió a prender. Con algo más de luz mis ojos pudieron ver mejor la poco agraciada “decoración”. Había manchas de humedad en las paredes y en el centro de la estancia una especie de aparato a medio camino entre un banco y una mesa de tortura lo reinaba todo, las correas y cadenas que estaban unidas a ella por aros metálicos estaban caídas de manera que rozaban el suelo.
-Hace frío –acerté a decir-Tranquila, pronto ya no sentirás nada.
-¿Eso quiere decir que vas a matarme?
Angelus cerró la puerta con un herrumbroso pestillo que chirrió estridentemente mientras era movido. Luego se giró hacia mí.
-Preciosa ¿acaso crees que mi corazón late? ¿O que estoy respirando este aire cargado de humedad? Tienes que estar muerta para que esto funcione. Esa es la idea. Yo estoy muerto, y todos los estaban arriban también lo están. No obstante te puedo asegurar que jamás ninguno de nosotros se sintió tan vivo.
Le miré asustada - ¿Sería demasiado tarde para echarme atrás?, nadie me había explicado nada de lo que se supone que tenía que hacerme. ¿¿Muertos vivientes??, como podía darse tal aberración, todo aquello en lo que había creído siempre se desmoronó ante tales afirmaciones.
Angelus dejó el candelabro sobre una de las sillas y dio un paso hacia mí. Comencé a ponerme más nerviosa si cabe. Temblaba, más por el miedo que por el frío.
-Relájate pequeña señorita, ¿estas segura de que quieres hacer esto?, después ya no hay vuelta atrás –me miró fijamente.
Respiré hondo, cerré los ojos y pensé en que Jerome estaba perdido por el mundo, desaparecido y sobretodo…..totalmente solo. Yo le había negado mi compañía y ahora mi misión era buscarle y enmendar este error, por fin llegué a la clara convicción de que debía haberle dicho que sí desde el principio. Si nuestro destino era estar juntos ¿Qué más daba en una vida que en la otra?
-Estoy preparada. –dije con mucha convicción.
Angelus se acercó a mí con paso firme. Me cogió suavemente por la cintura, mi bolso se desprendió de mi mano y cayó con un golpe seco sobre el suelo. Me sentía hipnotizada, apenas podía moverme, era como si mi voluntad perteneciera por completo a Angelus. Después me besó, con dulzura al principio, luego se tornó en un beso mucho más intenso, podría incluso decir que violento. No podía pensar con claridad y mucho menos apartarle de mí. Aquello era como un baile del que no conocía los pasos….por suerte o por desgracia Angelus los conocía a la perfección.
Mis manos recorrieron su espalda. Me sentía como un pelele entre sus brazos. No podía parar, no podía detenerle o más bien no quería que se detuviera. Aquello estaba mal pero….comenzaba a ser una de esas cosas de las que es preferible arrepentirse por haberlas hecho que por haberlas dejado pasar. Desabrochó mi capa y esta cayó pesadamente al suelo. Me empujó contra la mesa, apartó el cabello que cubría mis hombros y acarició mi cuello con sus manos. Cuando abrí los ojos su cara se había tornado monstruosa, animal, sus ojos reflejaban un brillo felino. Quise gritar pero no pude, tan sólo me quedé quieta como una estatua, totalmente paralizada por el miedo y por una extraña fuerza que Angelus ejercía sobre mí con sólo mirarme, aún hoy no he encontrado respuesta a esa “magia”.
Sus labios se posaron sobre mi cuello, me estremecí, su piel estaba fría al contacto con la mía. Me mordió, el dolor me sacó de mi estado aletargado, reaccioné, intenté apartarlo de mí pero él era mucho más fuerte. Sujetó mis muñecas con sus manos. Continué forcejeando unos segundos pero pronto las fuerzas me abandonaron. Me sentí mareada, estaba a punto de desmayarme. De pronto Angelus paró. Me apoyó contra el extraño banco y me aferré a una anilla de metal con las manos para no caerme. El abrió su camisa, vi como sacaba un pequeño puñal del bolsillo de su levita y se hacía un profundo corte en el pecho del cual comenzó a manar una sangre oscura y espesa.
“Ahora Bebe de mí y vivirás eternamente”
Le obedecí, bebí y noté como su emponzoñada sangre me invadía todo el cuerpo. “Te condeno a la muerte en vida, al hambre eterna que jamás será saciada”, me susurró.
Luego me desplomé entre sus brazos.
lunes, mayo 15, 2006
Angela II: cartas y desengaños
La segunda parte de la historia que no le gusta a nadie y que todos odiáis, fieles lectores....Que se le va hacer, no puedo contentar a todo el mundo. Por cierto aún falta mas, el apoteósico final.... Muhahahahaaaa
Fue tras nuestra vuelta a la ciudad cuando los sucesos comenzaron a transcurrir frenéticamente.
En nuestra fiesta del comienzo del otoño, encuentro que solíamos celebrar en nuestra casa el segundo sábado de septiembre ocurrió lo inimaginable, los Green – Jones trajeron unas noticias aterradoras, al parecer, la joven Marie Coeur-Smith , hija de un miembro de la alta burguesía francesa y una aristócrata londinense había muerto en extrañas circunstancias la noche antes. Ellos se habían enterado porque daba la terrible casualidad de que los Coeur – Smith eran vecinos suyos desde siempre. La muchacha, de tan sólo diecinueve años había aparecido muerta en el barrio de Campden con unas extrañas marcas en el cuello. Por lo demás no presentaba mal aspecto, ni había sido forzada ni golpeada de ningún modo. El hecho se convirtió en la noticia del momento. No había nadie que no lo hubiera oído durante los siguientes días, Corrió como un reguero de pólvora cerca de una cerilla prendida.
Yo había conocido a Marie varios años antes, a las afueras de Londres, en la escuela de equitación de Hampstead, ella era una excelente amazona, además de una muchacha muy alegre y hermosa de cabello rubio y ensortijado. Siempre creí que ella sería capaz de conseguir al hombre que se propusiera y que haría de él una marioneta, admiraba su personal estilo de conseguirlo todo. Pues además de bella era muy inteligente y sabía muy bien que no le gustaba estar en segundo plano como otras mujeres. Tal vez su gran ambición había sido la causa de su terrible fallecimiento… ¿Qué demonios estaría haciendo Marie en el menesteroso barrio de Campden cuando le sorprendió la muerte?
Lo sentí por ella, y por sus padres, que eran muy buenas personas, de los mejores. Su hermano mayor Percy siempre me pareció un presuntuoso y un joven muy impertinente, dudé incluso que él lo hubiera sentido por su por su pobre hermana Marie. Probablemente a día de hoy aún no había conseguido separarse del estúpido espejo de plata que llevaba a todas partes para contemplarse una y otra vez. ¡¡Ah!!, ese maldito muchacho siempre me había sacado de quicio. Ojala hubiera sido él quien hubiera aparecido en el sucio callejón tieso como un trozo de bacon viejo.
Pasaron las semanas, el otoño llegó y las lluvias hicieron acto de aparición en nuestra gris ciudad.
Londres, era mi única oportunidad de volver a ver a Jerome, si es que él aún no se había olvidado de mí. Una tormentosa tarde de octubre recorría las calles de la ciudad con Claire y varias jóvenes de nuestro entorno social. Nos disponíamos a pasear un rato antes de ir a una exposición. Una de ellas propuso entrar en un café y todas aceptamos de buen grado su sugerencia puesto que el día se había puesto imposible con tanta lluvia.
Llevábamos unos minutos dentro cuando entraron varios hombres; entre ellos iba Jerome, para mi sorpresa. Hice cálculos y recordé que cerca de donde estábamos se encontraba la sede de su partido. Eso lo explicaba todo. Mi hermana le reconoció al instante y me miró fijamente con una expresión muy asustada. Yo le hice un gesto de negación con la cabeza haciéndole entender que ya había olvidado por completo al señor Morrow.
-Tranquila Claire – le susurré al oído – No pasa nada, estoy bien.
- Me alegro querida, ya sabes que esto no te conducía a ninguna parte, además disgustaría a papá.
Luego me sonrió y posó su cabeza sobre mi hombro.
La dulce y obediente Claire…..siempre hizo todo lo que mis padres le dijeron, tal vez por eso era la favorita de todo el mundo, jamás supe porque le mentí en ese momento, ella nunca me hubiera delatado, puede que no aprobara mis sentimientos pero mis secretos estaba siempre a salvo con ella. Tal vez era mejor así, si algo ocurría era mejor que ella se mantuviera al margen.
Jerome se percató de mi presencia al poco rato y me miró en varias ocasiones de modo disimulado y a la vez interrogante, yo no podía mirarle abiertamente o mi hermana hubiera sospechado. Cuando nos íbamos, de camino a la puerta del café uno de los miembros de su partido pasó “casualmente” junto a mí y me entregó un papel doblado, papel que guardé con extremo disimulo en el bolsillo derecho de mi abrigo. A duras penas pude esperar a llegar a casa y leerlo. Tras la cena me encerré en mi habitación y lo desdoblé con mucho cuidado, no había duda, esa era su letra. Leí las palabras una y otra vez como si se trataran de uno de los mejores poemas de William Blake. La nota era corta y concisa:“Me he alegrado tanto de volver a verte mi ángel… Si estas dispuesta a unirte a mí para siempre, te esperaré dentro de 2 días en el parque de St. James, frente a la isla de los patos. A las 6 en punto, sé puntual por favor; el resto de nuestra vida se decidirá en ese encuentro.”
Aún me amaba, de eso no cabía duda. Y esa sensación me embargó durante todo el tiempo de espera hasta nuestra cita.
Recuerdo que el día de nuestro encuentro era jueves, me encantan los jueves, son un buen día para las noticias, tanto buenas como malas. Jerome se me declaró en el puente de Oxford un jueves, y el día que Marie murió también lo era…..
Aquella tarde me despedí de mis padres con normalidad, intentando disimular mi nerviosismo. Me excusé con que iba a pasear. Claire se ofreció a acompañarme y yo por primera vez en la vida le dije que no. Un no rotundo, tanto que luego tuve que sonreír y quitarle importancia, de algún modo a mi salida de tono. "No quiero que te resfríes querida, el día hoy es fresco, no le conviene a tu salud hermana". Ella me miró con fastidio, por suerte sabía leer entre líneas que iba a prescindir de su compañía al menos por esa tarde.
El carruaje me llevó cerca del lugar en el que nos encontraríamos así que apenas tuve que andar, lo cual era un alivio ya que el pomposo vestido azul cielo que llevaba no era precisamente para un día de campo…
Al acercarme al lago le vi, llevaba un traje oscuro, abrigo y sombrero gris a juego.
-Jerome –susurré casi imperceptiblemente. Dios, estaba tan nerviosa…
El pareció haberme escuchado puesto que se giró y me observó mientras me acercaba. Su cara se iluminó con una preciosa sonrisa. Caminó hacia mí con paso decidido. Nuestras manos se unieron y tras comprobar que nadie en el parque nos observaba también lo hicieron nuestros labios.
Me abrazó enérgicamente con sus fuertes brazos y permanecimos así segundos que a mí me parecieron días enteros. Añoraba tanto tenerle cerca, aunque apenas habíamos estado juntos y a solas desde que habíamos desenmascarado el uno al otro nuestros sentimientos. Fue la primera vez que me sentí segura completamente en toda mi vida. El acarició mi cobrizo cabello mientras me susurraba que no permitiría que nos separáramos, que nada ni nadie podría hacer que no estuviéramos juntos.
El silbato de un Bobby hizo que nos apartáramos asustados el uno del otro.
-Señorita no tiene usted pinta de ser una … de esas chicas. Hagan el favor de separarse.
-¡¡ Es mi hermano!! –dije totalmente fuera de mí. La mentira salió de mis labios con la mayor naturalidad del mundo. Y volví a rodear su cintura con fuerza. Jerome se sorprendió al sentir mi impetuoso gesto. Por fin asintió con la cabeza al policía que parecía totalmente desconcertado.
-Mi hermana pequeña... – Dijo al fin. – ... Como puede comprobar es la más cariñosa de la familia…. Y sonrió al policía con cara de circunstancias.
Jamás llegué a saber si el hombre nos creyó pero se alejó con una risita de nuestro lado y tarareando una canción.
Minutos después paseábamos el uno junto al otro por el parque. Él parecía preocupado. Intentó decirme de modo torpe que si no podíamos convencer a mis padres lo mejor era fugarnos. Ni él mismo parecía saber muy bien lo que me estaba proponiendo. Estaba tan asustado…. Nunca supe determinar si le amaba más cuando era El Sr. Morrow, el político agresivo y avasallador o cuando se convertía en el pequeño Jerome, el poeta asustado e inseguro que tartamudeaba palabras dulces de amor. A ambos les encontraba igualmente encantadores.
Le dije que lo de huir no era una buena solución, no era mi estilo, tampoco creí que un funcionario del gobierno debiera abandonar su puesto a la ligera. Al menos yo no estaba dispuesta a dejarle tirar todo su trabajo por la borda a cambio de nuestra felicidad.
-Jerome… Te complace demasiado cumplir tus responsabilidades. Dudo mucho que pudieras vivir alejado de tu trabajo y de tus amistades…de hecho dudo que ninguno pudiera vivir al margen de todo lo que hemos conocido…¿A quien pretendes engañar? Te morirías de aburrimiento.
-Yo no digo que la situación sea para toda la vida…siempre podemos volver. Seguro que tus padres son más razonables cuando llevemos un tiempo casados y viviendo en una bonita casa a las afueras… Puede que llegado el momento sientan curiosidad por sus nietos, ¿no crees Angela? –dijo con una sonrisa pillina mientras me cogía de la mano.
Yo me sonrojé hasta las orejas al escuchar tales palabras.
- Creo que te has vuelto loco Sr Morrow.- dije atropelladamente intentando cambiar de tema, suspiré- ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?
- Hay otra solución…Algo que ha llegado a mis oídos últimamente pero no sé si tu estarías dispuesta a ello… es algo…drástico según me han dicho.
- ¿A que te refieres Jerome?, me tienes en ascuas.
- Creo que primero debería informarme mejor… es …peligroso en cierto modo, un asunto algo turbio…
- Jerome, no sé de que estas hablando pero…no me gusta tu tono. No sé si quiero hacer algo “oscuro”. ¿Sería malo para mi reputación?
- Creo que después de eso ya no tendrías reputación querida…
Le miré totalmente desconcertada. Y él no quiso hablar más del tema. Volví a casa inquieta y algo asustada. ¿Por qué no me dijo que ocurría? ¿a que venía tanto secreto?¿No se suponía que debíamos ser sinceros el uno con el otro? ¿Que asuntos eran esos de los que no quería hablar?
Una semana después fuimos invitados a la fiesta de los Bradbury, unos burgueses dueños de una importante cadena de tiendas y amos casi de la totalidad de un pueblo al sur de la ciudad. Su hijo mayor, William pertenecía al gobierno en calidad de ayudante del secretario de la cámara de los Lords.
-Londres es un pañuelo aunque por lo visto no muy limpio… – dijo mi padre con desaire al ver que el Sr. Morrow también había sido invitado a la fiesta.
Convencí a mi padre de que el mejor modo de acabar con la embarazosa situación acontecida el pasado verano era que yo me acercara cortésmente y acabara con cualquier intento de que Jerome volviera a pedirme en matrimonio. Mi madre se mostró conforme con la idea y Claire ayudó a convencer a mi padre de que me dejara hablar con él a solas, aunque a ella en realidad no le importaba demasiado la situación. Lo único que quería era que la dejásemos sola para poder acercarse a hablar con James Bradbury, segundo hijo de los anfitriones y oficial del ejército de su majestad la reina Victoria. A mi hermana siempre le perdieron los hombres de uniforme….
Nos alejamos de las risas de las muchachas y los militares, los comentarios malintencionados de los políticos y de la atenta mirada de mi padre en dirección a uno de los balcones. La noche era bastante cálida para ser comienzos de noviembre. Estaba despejado y las estrellas se veían con claridad.
-Se supone que vengo a dejarte – dije conteniendo la risa.
-¿Cómo dices? – preguntó muy asustado.
-Mis padres creen que estoy aquí para convencerte de que no tienes posibilidades conmigo, que te rechazo.- ¡Oh!. Buena excusa para venir a hablar conmigo, muy imaginativa al menos.
- La verdad es que no puedo albergar un sentimiento más opuesto… Así que supongo que me estoy convirtiendo en una muchacha mentirosa y manipuladora.
Él río un poco mi comentario.
-Lo siento. Si vienes a rechazarme supongo que tengo que intentar parecer apenado, al menos la muchacha merece mi desconsuelo.
-Eso nunca está de más, sería en cierto modo un halago.
Asintió con la cabeza
-Creo que ahora tenemos que hablar de otro asunto…algo menos divertido.
Comenzó a hablar de su investigación sobre el tema que había dejado en el aire la otra tarde. Y a medida que hablaba yo me sentía más y más inquieta.
-...Hay una nueva raza creciendo en las entrañas de Londres, son poderosos. Aún no son muchos pero sé que pronto serán más y comenzarán a dominarlo todo. Tenemos que unirnos a ellos. Nos proporcionarán seguridad, nos acogerán. Una vez pertenezcamos a su grupo podremos estar juntos o hacer lo que queramos. Nadie podrá interponerse.-¡Jerome me estás asustando!
-Habla más bajo querida, aquí no estamos seguros.
-No entiendo nada de lo que me dices, hablas de seres de la noche, de vida completamente distinta a la que conocemos, de oscuridad…No sé si estoy entendiendo bien lo que quieres decirme…
-Hablo de Vampiros Angela, de criaturas de la noche, me has entendido perfectamente mientras lo explicaba.
-Tal vez no quería entenderte… ¿Acaso te estás volviendo loco?, eso son leyendas, cuentos góticos para niños con imaginación, no puedes hacerme creer que compartes esas locas ideas.
-Yo las creo y estoy dispuesto a convertirme en uno de ellos para estar a tu lado, seguro que algunas personas que conoces ya forman parte de ellos, se infiltran en fiestas, saben muy bien lo que hacen.
-¡Imposible!, creo que has trabajado demasiado o que estos sentimientos te están nublando la razón, no puedes estar hablándome en serio, ¿Quién demonios iba a estar entre nosotros más que otras personas de nuestra clase?
-¿En serio crees que puedes afirmar que por ejemplo en esta fiesta SÓLO hay personas normales?.
-Sí, claro que lo afirmo. Y pienso que tú no deberías creer esas fantasías.
- Angela, no puedes convencerme de que no existe aquello que yo…HE VISTO!.
Le observé asustada, su cara ya no era el dulce rostro de siempre, se había tornado serio, oscuro, frío, duro.
-¿Qué los has visto?, pero eso no puede ser cierto. –Negué con la cabeza, desconcertada por su respuesta.
-Hay un lugar, se llama la guarida, siempre hay alguno allí….claro que también se reúnen en otros sitios.-¿La guarida?
- Sí, pero es peligroso, yo fui con alguien que ya había estado allí una vez para un….”encargo”. Íbamos en busca de un vampiro llamado “Angelus”.
Negué con la cabeza de nuevo, no podía creer sus palabras
-Tienes que saber con quien vas y sobretodo saber de antemano con quien puedes y con quien no puedes hablar allí, de lo contrario estás muerto. Creo que Marie Coeur-Smith lo pudo comprobar muy a su pesar…
- ¡¡Marie!!- me tapé la boca con las manos totalmente aterrada, ¿ella estaba metida en eso?
Aquello era la confirmación de la existencia de tales seres, todo encajaba. Pero yo no quería acabar como ella. Estaba claro que no eran gentes de fiar y no me apetecía morir por amor, Romeo y Julieta era una preciosa obra pero era sólo eso, teatro.
Di un paso hacia atrás, no quería seguir escuchando, Jerome me pareció un hombre odioso por sugerirme tal cosa, yo no iba a seguirle a tan necio final. ¿Que pasaba si los vampiros nos mataban como a Marie en vez de aceptarnos entre ellos? ¿Merecía la pena correr tal riesgo?
-Entonces… ¿vendrás conmigo? – dijo al fin
Le abofeteé y salí corriendo sin mirar atrás, no quería volver a verle jamás. Aquella noche alegué un fuerte dolor de cabeza y volví a casa en el coche con la fiesta recién empezada.
La última vez que le vi fue en el recital del réquiem de Mozart que hubo en el teatro Royal Drury Lane. A la salida le vi esperando su carruaje junto a dos personas más mayores, presumiblemente sus padres y un muchacho de unos trece años que se parecía a él pero con rasgo algo más dulces, supuse que era su hermano pequeño. El semblante de Jerome parecía abrumado, llevaba el pelo revuelto y no dejaba de juguetear con el sombrero de copa entre las manos; se percató de mi presencia y me miró, me sonrió con aire preocupado. Giré la cara con desaire y le negué de este modo el saludo….cuanto me arrepentí de mi estúpido orgullo tiempo después.
Fue tras nuestra vuelta a la ciudad cuando los sucesos comenzaron a transcurrir frenéticamente.
En nuestra fiesta del comienzo del otoño, encuentro que solíamos celebrar en nuestra casa el segundo sábado de septiembre ocurrió lo inimaginable, los Green – Jones trajeron unas noticias aterradoras, al parecer, la joven Marie Coeur-Smith , hija de un miembro de la alta burguesía francesa y una aristócrata londinense había muerto en extrañas circunstancias la noche antes. Ellos se habían enterado porque daba la terrible casualidad de que los Coeur – Smith eran vecinos suyos desde siempre. La muchacha, de tan sólo diecinueve años había aparecido muerta en el barrio de Campden con unas extrañas marcas en el cuello. Por lo demás no presentaba mal aspecto, ni había sido forzada ni golpeada de ningún modo. El hecho se convirtió en la noticia del momento. No había nadie que no lo hubiera oído durante los siguientes días, Corrió como un reguero de pólvora cerca de una cerilla prendida.
Yo había conocido a Marie varios años antes, a las afueras de Londres, en la escuela de equitación de Hampstead, ella era una excelente amazona, además de una muchacha muy alegre y hermosa de cabello rubio y ensortijado. Siempre creí que ella sería capaz de conseguir al hombre que se propusiera y que haría de él una marioneta, admiraba su personal estilo de conseguirlo todo. Pues además de bella era muy inteligente y sabía muy bien que no le gustaba estar en segundo plano como otras mujeres. Tal vez su gran ambición había sido la causa de su terrible fallecimiento… ¿Qué demonios estaría haciendo Marie en el menesteroso barrio de Campden cuando le sorprendió la muerte?
Lo sentí por ella, y por sus padres, que eran muy buenas personas, de los mejores. Su hermano mayor Percy siempre me pareció un presuntuoso y un joven muy impertinente, dudé incluso que él lo hubiera sentido por su por su pobre hermana Marie. Probablemente a día de hoy aún no había conseguido separarse del estúpido espejo de plata que llevaba a todas partes para contemplarse una y otra vez. ¡¡Ah!!, ese maldito muchacho siempre me había sacado de quicio. Ojala hubiera sido él quien hubiera aparecido en el sucio callejón tieso como un trozo de bacon viejo.
Pasaron las semanas, el otoño llegó y las lluvias hicieron acto de aparición en nuestra gris ciudad.
Londres, era mi única oportunidad de volver a ver a Jerome, si es que él aún no se había olvidado de mí. Una tormentosa tarde de octubre recorría las calles de la ciudad con Claire y varias jóvenes de nuestro entorno social. Nos disponíamos a pasear un rato antes de ir a una exposición. Una de ellas propuso entrar en un café y todas aceptamos de buen grado su sugerencia puesto que el día se había puesto imposible con tanta lluvia.
Llevábamos unos minutos dentro cuando entraron varios hombres; entre ellos iba Jerome, para mi sorpresa. Hice cálculos y recordé que cerca de donde estábamos se encontraba la sede de su partido. Eso lo explicaba todo. Mi hermana le reconoció al instante y me miró fijamente con una expresión muy asustada. Yo le hice un gesto de negación con la cabeza haciéndole entender que ya había olvidado por completo al señor Morrow.
-Tranquila Claire – le susurré al oído – No pasa nada, estoy bien.
- Me alegro querida, ya sabes que esto no te conducía a ninguna parte, además disgustaría a papá.
Luego me sonrió y posó su cabeza sobre mi hombro.
La dulce y obediente Claire…..siempre hizo todo lo que mis padres le dijeron, tal vez por eso era la favorita de todo el mundo, jamás supe porque le mentí en ese momento, ella nunca me hubiera delatado, puede que no aprobara mis sentimientos pero mis secretos estaba siempre a salvo con ella. Tal vez era mejor así, si algo ocurría era mejor que ella se mantuviera al margen.
Jerome se percató de mi presencia al poco rato y me miró en varias ocasiones de modo disimulado y a la vez interrogante, yo no podía mirarle abiertamente o mi hermana hubiera sospechado. Cuando nos íbamos, de camino a la puerta del café uno de los miembros de su partido pasó “casualmente” junto a mí y me entregó un papel doblado, papel que guardé con extremo disimulo en el bolsillo derecho de mi abrigo. A duras penas pude esperar a llegar a casa y leerlo. Tras la cena me encerré en mi habitación y lo desdoblé con mucho cuidado, no había duda, esa era su letra. Leí las palabras una y otra vez como si se trataran de uno de los mejores poemas de William Blake. La nota era corta y concisa:“Me he alegrado tanto de volver a verte mi ángel… Si estas dispuesta a unirte a mí para siempre, te esperaré dentro de 2 días en el parque de St. James, frente a la isla de los patos. A las 6 en punto, sé puntual por favor; el resto de nuestra vida se decidirá en ese encuentro.”
Aún me amaba, de eso no cabía duda. Y esa sensación me embargó durante todo el tiempo de espera hasta nuestra cita.
Recuerdo que el día de nuestro encuentro era jueves, me encantan los jueves, son un buen día para las noticias, tanto buenas como malas. Jerome se me declaró en el puente de Oxford un jueves, y el día que Marie murió también lo era…..
Aquella tarde me despedí de mis padres con normalidad, intentando disimular mi nerviosismo. Me excusé con que iba a pasear. Claire se ofreció a acompañarme y yo por primera vez en la vida le dije que no. Un no rotundo, tanto que luego tuve que sonreír y quitarle importancia, de algún modo a mi salida de tono. "No quiero que te resfríes querida, el día hoy es fresco, no le conviene a tu salud hermana". Ella me miró con fastidio, por suerte sabía leer entre líneas que iba a prescindir de su compañía al menos por esa tarde.
El carruaje me llevó cerca del lugar en el que nos encontraríamos así que apenas tuve que andar, lo cual era un alivio ya que el pomposo vestido azul cielo que llevaba no era precisamente para un día de campo…
Al acercarme al lago le vi, llevaba un traje oscuro, abrigo y sombrero gris a juego.
-Jerome –susurré casi imperceptiblemente. Dios, estaba tan nerviosa…
El pareció haberme escuchado puesto que se giró y me observó mientras me acercaba. Su cara se iluminó con una preciosa sonrisa. Caminó hacia mí con paso decidido. Nuestras manos se unieron y tras comprobar que nadie en el parque nos observaba también lo hicieron nuestros labios.
Me abrazó enérgicamente con sus fuertes brazos y permanecimos así segundos que a mí me parecieron días enteros. Añoraba tanto tenerle cerca, aunque apenas habíamos estado juntos y a solas desde que habíamos desenmascarado el uno al otro nuestros sentimientos. Fue la primera vez que me sentí segura completamente en toda mi vida. El acarició mi cobrizo cabello mientras me susurraba que no permitiría que nos separáramos, que nada ni nadie podría hacer que no estuviéramos juntos.
El silbato de un Bobby hizo que nos apartáramos asustados el uno del otro.
-Señorita no tiene usted pinta de ser una … de esas chicas. Hagan el favor de separarse.
-¡¡ Es mi hermano!! –dije totalmente fuera de mí. La mentira salió de mis labios con la mayor naturalidad del mundo. Y volví a rodear su cintura con fuerza. Jerome se sorprendió al sentir mi impetuoso gesto. Por fin asintió con la cabeza al policía que parecía totalmente desconcertado.
-Mi hermana pequeña... – Dijo al fin. – ... Como puede comprobar es la más cariñosa de la familia…. Y sonrió al policía con cara de circunstancias.
Jamás llegué a saber si el hombre nos creyó pero se alejó con una risita de nuestro lado y tarareando una canción.
Minutos después paseábamos el uno junto al otro por el parque. Él parecía preocupado. Intentó decirme de modo torpe que si no podíamos convencer a mis padres lo mejor era fugarnos. Ni él mismo parecía saber muy bien lo que me estaba proponiendo. Estaba tan asustado…. Nunca supe determinar si le amaba más cuando era El Sr. Morrow, el político agresivo y avasallador o cuando se convertía en el pequeño Jerome, el poeta asustado e inseguro que tartamudeaba palabras dulces de amor. A ambos les encontraba igualmente encantadores.
Le dije que lo de huir no era una buena solución, no era mi estilo, tampoco creí que un funcionario del gobierno debiera abandonar su puesto a la ligera. Al menos yo no estaba dispuesta a dejarle tirar todo su trabajo por la borda a cambio de nuestra felicidad.
-Jerome… Te complace demasiado cumplir tus responsabilidades. Dudo mucho que pudieras vivir alejado de tu trabajo y de tus amistades…de hecho dudo que ninguno pudiera vivir al margen de todo lo que hemos conocido…¿A quien pretendes engañar? Te morirías de aburrimiento.
-Yo no digo que la situación sea para toda la vida…siempre podemos volver. Seguro que tus padres son más razonables cuando llevemos un tiempo casados y viviendo en una bonita casa a las afueras… Puede que llegado el momento sientan curiosidad por sus nietos, ¿no crees Angela? –dijo con una sonrisa pillina mientras me cogía de la mano.
Yo me sonrojé hasta las orejas al escuchar tales palabras.
- Creo que te has vuelto loco Sr Morrow.- dije atropelladamente intentando cambiar de tema, suspiré- ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?
- Hay otra solución…Algo que ha llegado a mis oídos últimamente pero no sé si tu estarías dispuesta a ello… es algo…drástico según me han dicho.
- ¿A que te refieres Jerome?, me tienes en ascuas.
- Creo que primero debería informarme mejor… es …peligroso en cierto modo, un asunto algo turbio…
- Jerome, no sé de que estas hablando pero…no me gusta tu tono. No sé si quiero hacer algo “oscuro”. ¿Sería malo para mi reputación?
- Creo que después de eso ya no tendrías reputación querida…
Le miré totalmente desconcertada. Y él no quiso hablar más del tema. Volví a casa inquieta y algo asustada. ¿Por qué no me dijo que ocurría? ¿a que venía tanto secreto?¿No se suponía que debíamos ser sinceros el uno con el otro? ¿Que asuntos eran esos de los que no quería hablar?
Una semana después fuimos invitados a la fiesta de los Bradbury, unos burgueses dueños de una importante cadena de tiendas y amos casi de la totalidad de un pueblo al sur de la ciudad. Su hijo mayor, William pertenecía al gobierno en calidad de ayudante del secretario de la cámara de los Lords.
-Londres es un pañuelo aunque por lo visto no muy limpio… – dijo mi padre con desaire al ver que el Sr. Morrow también había sido invitado a la fiesta.
Convencí a mi padre de que el mejor modo de acabar con la embarazosa situación acontecida el pasado verano era que yo me acercara cortésmente y acabara con cualquier intento de que Jerome volviera a pedirme en matrimonio. Mi madre se mostró conforme con la idea y Claire ayudó a convencer a mi padre de que me dejara hablar con él a solas, aunque a ella en realidad no le importaba demasiado la situación. Lo único que quería era que la dejásemos sola para poder acercarse a hablar con James Bradbury, segundo hijo de los anfitriones y oficial del ejército de su majestad la reina Victoria. A mi hermana siempre le perdieron los hombres de uniforme….
Nos alejamos de las risas de las muchachas y los militares, los comentarios malintencionados de los políticos y de la atenta mirada de mi padre en dirección a uno de los balcones. La noche era bastante cálida para ser comienzos de noviembre. Estaba despejado y las estrellas se veían con claridad.
-Se supone que vengo a dejarte – dije conteniendo la risa.
-¿Cómo dices? – preguntó muy asustado.
-Mis padres creen que estoy aquí para convencerte de que no tienes posibilidades conmigo, que te rechazo.- ¡Oh!. Buena excusa para venir a hablar conmigo, muy imaginativa al menos.
- La verdad es que no puedo albergar un sentimiento más opuesto… Así que supongo que me estoy convirtiendo en una muchacha mentirosa y manipuladora.
Él río un poco mi comentario.
-Lo siento. Si vienes a rechazarme supongo que tengo que intentar parecer apenado, al menos la muchacha merece mi desconsuelo.
-Eso nunca está de más, sería en cierto modo un halago.
Asintió con la cabeza
-Creo que ahora tenemos que hablar de otro asunto…algo menos divertido.
Comenzó a hablar de su investigación sobre el tema que había dejado en el aire la otra tarde. Y a medida que hablaba yo me sentía más y más inquieta.
-...Hay una nueva raza creciendo en las entrañas de Londres, son poderosos. Aún no son muchos pero sé que pronto serán más y comenzarán a dominarlo todo. Tenemos que unirnos a ellos. Nos proporcionarán seguridad, nos acogerán. Una vez pertenezcamos a su grupo podremos estar juntos o hacer lo que queramos. Nadie podrá interponerse.-¡Jerome me estás asustando!
-Habla más bajo querida, aquí no estamos seguros.
-No entiendo nada de lo que me dices, hablas de seres de la noche, de vida completamente distinta a la que conocemos, de oscuridad…No sé si estoy entendiendo bien lo que quieres decirme…
-Hablo de Vampiros Angela, de criaturas de la noche, me has entendido perfectamente mientras lo explicaba.
-Tal vez no quería entenderte… ¿Acaso te estás volviendo loco?, eso son leyendas, cuentos góticos para niños con imaginación, no puedes hacerme creer que compartes esas locas ideas.
-Yo las creo y estoy dispuesto a convertirme en uno de ellos para estar a tu lado, seguro que algunas personas que conoces ya forman parte de ellos, se infiltran en fiestas, saben muy bien lo que hacen.
-¡Imposible!, creo que has trabajado demasiado o que estos sentimientos te están nublando la razón, no puedes estar hablándome en serio, ¿Quién demonios iba a estar entre nosotros más que otras personas de nuestra clase?
-¿En serio crees que puedes afirmar que por ejemplo en esta fiesta SÓLO hay personas normales?.
-Sí, claro que lo afirmo. Y pienso que tú no deberías creer esas fantasías.
- Angela, no puedes convencerme de que no existe aquello que yo…HE VISTO!.
Le observé asustada, su cara ya no era el dulce rostro de siempre, se había tornado serio, oscuro, frío, duro.
-¿Qué los has visto?, pero eso no puede ser cierto. –Negué con la cabeza, desconcertada por su respuesta.
-Hay un lugar, se llama la guarida, siempre hay alguno allí….claro que también se reúnen en otros sitios.-¿La guarida?
- Sí, pero es peligroso, yo fui con alguien que ya había estado allí una vez para un….”encargo”. Íbamos en busca de un vampiro llamado “Angelus”.
Negué con la cabeza de nuevo, no podía creer sus palabras
-Tienes que saber con quien vas y sobretodo saber de antemano con quien puedes y con quien no puedes hablar allí, de lo contrario estás muerto. Creo que Marie Coeur-Smith lo pudo comprobar muy a su pesar…
- ¡¡Marie!!- me tapé la boca con las manos totalmente aterrada, ¿ella estaba metida en eso?
Aquello era la confirmación de la existencia de tales seres, todo encajaba. Pero yo no quería acabar como ella. Estaba claro que no eran gentes de fiar y no me apetecía morir por amor, Romeo y Julieta era una preciosa obra pero era sólo eso, teatro.
Di un paso hacia atrás, no quería seguir escuchando, Jerome me pareció un hombre odioso por sugerirme tal cosa, yo no iba a seguirle a tan necio final. ¿Que pasaba si los vampiros nos mataban como a Marie en vez de aceptarnos entre ellos? ¿Merecía la pena correr tal riesgo?
-Entonces… ¿vendrás conmigo? – dijo al fin
Le abofeteé y salí corriendo sin mirar atrás, no quería volver a verle jamás. Aquella noche alegué un fuerte dolor de cabeza y volví a casa en el coche con la fiesta recién empezada.
La última vez que le vi fue en el recital del réquiem de Mozart que hubo en el teatro Royal Drury Lane. A la salida le vi esperando su carruaje junto a dos personas más mayores, presumiblemente sus padres y un muchacho de unos trece años que se parecía a él pero con rasgo algo más dulces, supuse que era su hermano pequeño. El semblante de Jerome parecía abrumado, llevaba el pelo revuelto y no dejaba de juguetear con el sombrero de copa entre las manos; se percató de mi presencia y me miró, me sonrió con aire preocupado. Giré la cara con desaire y le negué de este modo el saludo….cuanto me arrepentí de mi estúpido orgullo tiempo después.
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